sábado 22 de octubre de 2016 - 12:01 AM

Cavilaciones

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Nota de la Dirección: Algunos días después de su muerte, doña Yolanda Gordillo, esposa de nuestro querido columnista y amigo Jaime Luis Gutiérrez, encontró sus últimas Cavilaciones que publicamos hoy de manera póstuma y como homenaje a esa gran persona que fue.

Mil gracias a la Divina Providencia porque siempre he sido Su consentido y permanentemente un hombre feliz. Todo en la vida me ha llegado a las manos sin proponérmelo y no tengo nada de qué lamentarme ni arrepentirme.

Mil gracias a don Fulgencio y a doña Josefina, porque me dieron el ser, fueron especialmente amorosos y comprensivos, y me enseñaron a ser un hombre de bien.

A Elsa, a quien siempre he admirado por su inteligencia y valor. A Eduardo, con quien, a pesar de pensar diferente, siempre hemos estado unidos e identificados, especialmente a la hora de ser personas serviciales. A Carmen Ligia, quien además de una excelente hermana fue mi mejor amiga, con quien siempre tuvimos una permanente telepatía de la mente y del corazón, y a Gabriel, quien, a pesar de ser una persona tan ocupada, nunca dejó de estar a mi lado cuando lo necesitaba.

Al Glorioso Colegio de Santander y a la UIS, a los que les debo todo cuanto soy en lo académico y lo profesional. La UIS me vinculó como profesor a la semana siguiente de haberme graduado y durante 30 años hizo que nunca me hubiera arrepentido de ser catedrático y maestro. Gracias a ella hoy soy un “jubiloso jubilado”.

A Vanguardia Liberal, a Alejandro Galvis Ramírez y a todos mis amigos, por su excesiva generosidad para conmigo.

A Berthica Navas Cadena, la mejor madre, esposa y compañera del mundo. Haber estado a su lado 30 años me permite decir que es la persona más inteligente, bondadosa y generosa que he conocido.

Mil gracias a Victoria Eugenia, Carmen Alicia, Elsa Beatriz y Laura Consuelo, la razón de ser de mi existencia y el fundamento de mi orgullo existencial.

Mil gracias a don Rafael, doña Carmen, doña Cenobia, quienes me recibieron en su familia como un hijo más y a mis cuñados quienes, por votación, me honraron con el título de “Hermano Honoris Causa”.    

Mil gracias a Yolanda Gordillo Solano por haberme alegrado y facilitado vivir feliz los últimos años de mi existencia. ¡Que Dios los Bendiga a todos!

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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