sábado 21 de noviembre de 2020 - 12:00 AM

Invertir en los docentes se traduce en una mejor educación

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La apuesta que hacemos a diario quienes creemos y trabajamos por la educación cobra vida gracias al trabajo y compromiso de los profesores. Es a través de ellos que se materializan -o no- las promesas que realizamos a padres de familia y estudiantes; y son quienes tienen el privilegio de acompañar y ser testigos de los procesos de los estudiantes, para impulsarlos a aprovechar todo su potencial.

La responsabilidad que tienen los docentes en sus hombros no es poca, y, sin embargo, nos ha costado crear y mantener cada vez mejores condiciones para compensar su trabajo, entrega y calidad, con salarios atractivos y competitivos. A pesar de que es una de las profesiones más importantes para la sociedad es, lamentablemente, también una de las peor remuneradas, y no solo en Colombia.

Investigaciones sobre este tema han podido concretar al menos tres beneficios derivados de aumentar la compensación a los profesores: atrae talento de alta calidad hacia la profesión, contribuye a que ese talento permanezca y crezca e impacta positivamente el desempeño de los estudiantes.

En una situación ideal, funcionaría en Colombia un esquema donde los colegios podrían aumentar año tras año la remuneración docente mientras incrementan proporcionalmente sus tarifas. Es decir, quienes compensan mejor a su talento -por encima de los estándares del escalafón del Ministerio de Educación-, y consiguen buenos resultados académicos podrían recibir mejores ingresos al aumentar sus tarifas en un porcentaje superior a la variación anual del IPC.

Así se activaría un círculo virtuoso donde los colegios podrían atraer y retener el mejor talento posible -con salarios competitivos y otros beneficios- al tiempo que perfeccionan el desempeño de los estudiantes y perfeccionan cada vez más el rol de la educación en el país y su aporte indispensable.

Y si bien se ha intentado avanzar en este sentido, hoy nos encontramos con un reto que parece ir en contravía. En términos simples, los colegios privados, que nos esforzamos por entregar sueldos más atractivos a los docentes, no podremos aumentar las tarifas por encima del IPC para el 2021. El incremento adicional al IPC será permitido solo a colegios que paguen salarios iguales (y no superiores) a los que están definidos en el escalafón. De este modo se está generando un desincentivo para el mejoramiento de las condiciones de los docentes.

Así las cosas, las instituciones que compensamos a los profesores por encima de esos estándares nos encontramos en una situación desafiante para sostener el capital humano que necesitamos -profesores destacados, comprometidos y motivados-, y de este modo seguir mejorando nuestra promesa a los estudiantes y padres de familia, para continuar operando colegios con finanzas saludables.

Este año nos ha dado la oportunidad de hacer las cosas de manera diferente y de repensarnos. Como líderes, ¿hacia dónde estamos llevando la educación en nuestra sociedad?, ¿estamos verdaderamente construyendo un modelo coherente con el mundo que tanto ha cambiado en el último año?

Vale la pena cuestionarnos si como colectivo (colegios públicos, privados y autoridades regionales y nacionales) estamos actuando de la manera más eficiente posible para garantizar que la educación en nuestro país evolucione al ritmo y de la forma que necesitan las generaciones que moverán, en unos años, el país y el mundo.

JAIRO AUGUSTO REY
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