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Jairo Martínez
Sábado 25 de mayo de 2013 - 12:01 AM

El sexo es la salvación

Publicado por: Jairo Martinez

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La noticia no podía ser más esperanzadora: el Instituto de Neurociencia de la Universidad de Princeton confirmó que mantener relaciones sexuales reduce el nivel de estrés y promueve la generación de nuevas células cerebrales. Esta revelación acaba con el mito católico de que el sexo es pecado y, por el contrario, nos induce a buscar pareja para evitar, por ejemplo, el mal de Alzhéimer caracterizado por la muerte de las neuronas que atrofia nuestro cerebro.

A continuación, y para completar la dicha, encontré la siguiente declaración del eminente sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff: “Hacer el amor con sinceridad, deseo, confianza, entrega y receptividad, constituye válvula de escape para las tensiones acumuladas, es gratificante, auspicia la exteriorización de emociones y sentimientos, educa y complace los sentidos, equilibra el sistema nervioso y glandular, levanta el ánimo, incrementa la autoestima, relaja e inspira”.

Esta información, sumada al hecho irrefutable de que los jóvenes son más inteligentes que sus mayores, confirma la teoría de que el avance sexual de la humanidad lleva consigo el crecimiento mental que en el futuro dará un salto pues la juventud actual, en lugar de perder el tiempo con pendejadas como estudiar, está dedicada a los carruseles sexuales que los proveerá de tantas neuronas que ya no les cabrán en sus inocentes cerebros.

Pensando en cómo aplicar este concepto a la gente mayor, seguí leyendo el estudiohasta que encontré el infaltable ‘pero’. Resulta que la investigación no fue hecha con humanos sino con ratas, encontrándose que en aquellas que fueron expuestas a situaciones sexualmente receptivas durante 14 días, la creación y la conexión entre las células nerviosas fue un hecho.

La pregunta es si, como dice Kusnetzoff, las ratas pueden hacer el amor con sinceridad, entrega y receptividad. Si fuese así, las ratas serían muy parecidas a los humanos, concepto que a priori cualquier persona rechazaría. Sin embargo, si miramos a los políticos nacionales encontraremos que les hacemos un flaco favor a las ratas si las comparamos con esa clase de humanos.

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