sábado 09 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Aborto en la UIS

El cuento del absurdo 'Plan Pistola', que según la grabación conocida en días pasados buscaba borrar de la UIS a estudiantes, profesores y trabajadores que incomodaban a la derecha recalcitrante, debe ser perfectamente aclarado tanto por la rectoría de la Universidad como por las autoridades gubernamentales, judiciales y de policía que pudieron haber intervenido en el mismo. Un hecho de esta naturaleza no debería presentarse en ningún nivel y, mucho menos, en el corazón de una entidad que tiene como pilar básico el pensamiento y la libre discusión de las ideas.

Quizás la única esperanza que nos queda, en un país donde la institucionalidad se desmoronó por completo, es el debate fresco y la crítica seria que se hace desde los centros universitarios en los que priman la razón y los argumentos y no la voluntad enfermiza y cobarde de la fuerza, como ocurre en Colombia desde hace ya varios años. La universidad nos enseña que las ideas se controvierten con ideas y no con balas, falsos positivos o desapariciones forzadas como, presumiblemente, buscaban hacerlo en la UIS. Por estas razones, y para que jamás vuelva a ocurrir algo semejante, el fatídico 'Plan Pistola' debe ser esclarecido por completo.

Este hecho, además, cayó como una 'papa bomba' en el proceso de designación de nuevo rector para la Universidad Industrial de Santander, contaminándolo, turbándolo y desviando por completo la atención sobre lo fundamental que es el rumbo de la institución en el inmediato futuro y el nombre del capitán que la llevará a buen puerto. En las condiciones actuales no es posible adelantar un debate tranquilo, serio, juicioso y responsable al respecto; las aguas están contaminadas y la turbulencia haría naufragar propósito tan importante.

Como santandereano y como hijo de la UIS sugiero a los miembros del Consejo Superior abortar el actual proceso de designación de rector y nombrar a un encargado de la rectoría mientras se adelantan las investigaciones sobre lo ocurrido para que los distintos estamentos de la Universidad tengan los elementos de juicio necesarios y suficientes para afrontar, con el debido conocimiento y la necesaria calma, su debate más importante.

De igual manera sería sano que en este nuevo proceso se permitiera la inscripción de otros aspirantes quienes, ya con las garantías debidas, podrían enriquecer la lista de candidatos para prestar sus servicios a la Universidad. No es justo ni conveniente para el Alma Mater empecinarse ahora en una confrontación que solo traería problemas y grandes incertidumbres. 

 

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