sábado 15 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Claves para no volverse loca

Es una vaina cuando uno, al encontrarse con los amigos, tiene que decirles ¡Quihubo mano!, en lugar de '¿qué tal Andresito?', o '¿cómo estás María Tadea?'.
Esto me pasó cuando iba con Crótatas por la calle y nos encontramos a un amigo que perdimos de vista no hace mucho tiempo. Como no recordé su nombre, le dije: ¡quihubo mano, gusto en verlo! y él, sin más, respondió: 'hola loco, ¿dónde se había metido?'.

Cuando nos despedimos le pregunté a Crótatas si recordaba el nombre del amigo y me dijo: Jairo, es Hernancito Calvo y tiene razón, usted se está enlocando. Perder la memoria es preludio de demencia y como no quiero que se le corra la teja siendo tan joven, vamos a jugar cartas e invitemos a Andrés y a Hernán. ¿Cartas, Crótatas? ¿Qué tiene que ver eso con la locura?, pregunté intrigado y él, que se cree el doctor House, respondió: 'mire manito, científicos descubrieron hace rato que las personas que sufren demencia experimentan primero una acelerada pérdida de la habilidad cognitiva, especialmente de la memoria, y han recomendado seis remedios entre los cuales está el juego de tute, veintiuna, canasta, julepe o, si todos los vagos están ocupados, puede jugar solitario'.

Bien, me suena lógico, pues obliga a mantener en forma el cerebro so pena de perder la platica, pero ¿cuáles son los otros cinco remedios? Crotaticas pensó un momento y respondió: 'creo que su problema no es grave, usted no va a enloquecer tan pronto y, además, ayuda a otros pues dos claves más son escribir y leer. ¡Usted escribe pendejadas y tres o cuatro las leen!'.

Antes de poder protestar por su descortesía, tomó una revista, leyó un instante y dijo: 'Obnubilado por un encantador de serpientes que empezó su octavo año al mando del próximo estado de la unión americana. Tiene ocho letras, ¿qué es?' ¡Uribista!, respondí de una y crotaticas aplaudió y dijo: 'muy bien, resolver crucigramas es el cuarto secreto para no enloquecer, mijito, y como ya se termina el espacio de la columna, le doy las dos últimas claves: hablar y oír música'.

Crótatas se levantó, sacó un disco y lo puso en la radiola. Era un tango masónico, una pieza musical increíble me hizo recordar los principios de todo hombre que se precie libre y de buenas costumbres. El que lo quiera me escribe y le doy el dato, le gustará y lo salvará de volverse un loco… o una loca.

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