sábado 21 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Con otras tetas no hay paraíso

¿Por qué la gordita que quiere ser un chamizo, sale a comer hamburguesa con papas a la francesa? ¿Por qué la nena que no desmerece nada, quiere aumentar el tamaño de sus lolas? ¿Por qué los padres quieren bautizar a su bebé como Álvaro Obdulio? ¿Por qué se aplaude a los ‘paracos’ y se sataniza a los guerrilleros?

Si tuviéramos libre albedrío, conciencia plena de los actos y de las razones que los motivan, la gordita no comería hamburguesa, la niña no agrandaría sus pochecas, los papás llamarían al chino 'Puno' y todos rechazarían los crímenes vengan de donde vengan. Ninguna de nuestras abuelas –desde nuestra mami Eva- sintió que debía ser pechugona y, en los tiempos de antes, nadie, por lo menos en estos rumbos, defendía, pagaba y se jactaba por los asesinatos de un gobierno.

La razón es que el libre albedrío resultó ser cuento chino para más del 80% de la gente. Una reciente investigación demostró que, comparado con lo que se esperaría por simple probabilidad, más hombres llamados 'Ken' se mudaron a Kentucky, más 'Florences' a Florida y más 'Lauras' se hicieron abogadas (en inglés lawyer). Este trabajo, claro, fue realizado en Estados Unidos porque aquí de investigación, pocón.

Ezequiel Morsella, de la Universidad de Yale, miembro del equipo que busca descifrar el comportamiento del cerebro, dijo: 'La idea cotidiana sobre el sentido de uno mismo y su control sobre la conducta es tan incorrecta como que la Tierra es plana. Aunque pensamos en nosotros mismos como agentes independientes, no lo somos. Todo lo que hacemos está influido por procesos inconscientes y nuestro entorno'. Es decir, no sabemos quiénes somos, cómo funcionamos ni por qué hacemos lo que hacemos.

Una demostración dolorosa de este descubrimiento la proporciona el hecho de que las personas, al no ser conscientes de los impulsos que las llevan a decidir sus acciones, niegan la influencia del inconsciente y justifican sus actos como propios, como lo dice John Bargh, psicólogo de Yale.

Así, por ejemplo, la gordita escanea con el ojo la foto de la hamburguesa en una revista (publicidad) y tiene que salir a comerla; el 80% sale con un lazito invisible a votar por la muerte (manipulados por encuestas y medios de comunicación) y la niña explica que quiere senos más grandes para verse bonita y deseable (en el inconsciente tiene a Natalia París). Ojo, es mejor no ser autómatas y, créanme las niñas, ¡Con otras tetas no hay paraíso! 

 

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