sábado 22 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

Il Capo di tutti capi

De las cosas más importantes con el lío piramidal, fue el reconocimiento por parte del benignísimo señor Presidente Uribe de que en este país sí existe una cultura mafiosa, luego, para empezar el mismo Jefe de Estado debería hacerle un homenaje de desagravio a Piedad Córdoba, a quien sus puntas de lanza en Palacio y en el Congreso señalaron de 'Traidora a la Patria' por haber dicho lo mismo en varios foros nacionales e internacionales.

El cuento de la 'cultura mafiosa' de Uribe es el mismo del burro que se burlaba del tamaño de las orejas de sus compañeros de establo. Recuerden que la revista Newsweek en agosto de 2004 publicó un documento desclasificado, un informe de inteligencia del Departamento de Defensa estadounidense, que 'indica quién es quién en el negocio de la cocaína de Colombia'.

En el informe se presentó una lista de individuos. 106 nombres entre los que hay asesinos, traficantes de nivel medio y abogados corruptos. Por supuesto que la cabeza de lista era Pablo Escobar, seguido del ex dictador de Panamá, Manuel Antonio Noriega. Sin embargo lo que llamó la atención de Newsweek y del mundo entero, con excepción de un 84% de colombianos, es el personaje en el puesto 82 de tan selecto grupo. El informe dice así: 'No. 82.

Álvaro Uribe, político colombiano y senador dedicado a la colaboración con el cartel de Medellín en los altos niveles del gobierno. Uribe se vinculó a un negocio involucrado en las actividades de los narcóticos en Estados Unidos…. Uribe ha trabajado para el cartel de Medellín y ha sido un amigo íntimo de Pablo Escobar Gaviria'.

¡Y ahora nos habla de cultura mafiosa y nos dice que comenzará un proceso pedagógico para erradicar de nuestras mentes y espíritus esa tendencia, como si él fuera un santo varón y nosotros los goombatas! No, es un burro hablando de orejas o el mayor cínico que ha producido este país, otrora consagrado al Sagrado Corazón, pero ahora en manos de la virgen de los sicarios o de la seguridad democrática, que para el caso de bendecir asesinos es lo mismo.

Lo más triste de todo este cuento es que el número de mafiosos en Colombia no es tan alto como todo el planeta cree, pero sí el de sus obsecuentes, inocentes y candentes seguidores, que sólo ven, respiran, transpiran, defienden, elevan altares, encienden incienso y bendicen de rodillas la santidad del Capo di tutti Capi.

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