sábado 06 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Más vale bueno conocido

Cuando por una razón justa o injusta alguien nos denuncia, lo que hacemos, a menos que tengamos espíritu de suicidas, es buscar, en la medida de nuestras posibilidades, al mejor abogado posible para darle un 'poder' con el que él pueda defendernos, ser nosotros en los tribunales, en los juzgados, en todos los actos que se realicen para determinar responsabilidades. Igual sucede ante cualquier injusticia que conocemos o sufrimos, si somos nosotros los denunciantes, buscamos al mejor abogado y le damos poder para que se encargue del asunto.

¿Y cómo buscamos a ese abogado? Nadie, por loco que esté, se iría a la Puerta del Sol, o a caminar la 27, o la 15, para mirar las vallas o los carteles que hay y escoger de entre todos ellos a su abogado. Tampoco se pondría a oír la radio o a mirar la tele y, mucho menos, se decidiría por el que le diga 'deme su mano' porque, acuérdese, usted le da la mano y él le agarra el codo. Ahora, ni de vainas usted le daría poder a un abogado que le ofrezca dinero para ser su representante ni, tampoco, a aquel que le brinde un sancocho o unas pechuguitas. Lo que hacemos en estos casos es investigar quién es el mejor, preguntamos, nos asesoramos, nos cercioramos de que en juicios pasados no haya traicionado al cliente haciéndose amigo de la contraparte para tumbarlo porque esto, sin duda, haría con nosotros. Finalmente lo encontramos y nos entregamos a él tranquilos y confiados en que nos defenderá bien o nos ayudará a eliminar las injusticias que se pudieran haber cometido.

Igual pasa con el acto de votar. Lo que en realidad hace un elector es dar poder a un político para que actúe por él en el Congreso, en el gobierno de la nación. Él lo defenderá de la injusticia de unas leyes que puedan serle perjudiciales o le ayudará con la promoción de otras que sirvan a su bienestar. Él apoyará, y se beneficiará, de los actos corruptos del gobierno o los denunciará e impedirá que lo roben.

Votar no se trata de dar manos, ni recibir comida. El que vota le entrega a otro un poder para que lo represente, lo defienda, lo impulse, lo ordene; la persona que apoye para el Congreso será usted, su voz, su aliento y su espíritu allá.

El poder es suyo, ejérzalo bien y piense en esto: mejor que malo sabido es un bueno reconocido.

 

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