sábado 11 de julio de 2009 - 10:00 AM

Una Corte Suprema

Dentro de algunos años (ojalá no sean muchos), cuando las aguas de la institucionalidad, la moralidad, la justicia y la democracia hayan vuelto a sus cauces normales, cuando las Cortes internacionales hayan juzgado al menos en parte los atropellos, abusos, violaciones y muertes que carga a su espalda este gobierno, los colombianos, hoy ciegos, verán una luz que creerán nueva pero que siempre estuvo brillando en el firmamento nacional: la de la Corte Suprema de Justicia.

Si no fuera por la dedicación, el trabajo, la seriedad y la valentía de los Magistrados de esta Suprema Corte, Colombia, como ya lo han dicho muchos, se habría convertido en el 'Estado mafioso' más siniestro del mundo. A pesar de los múltiples ataques recibidos –muchos a la Corte misma y muchos, también, a sus miembros individualmente- ellos han estado ahí, firmes, cumpliendo con su deber para defender la legalidad y conservar el último reducto de decencia que le queda a Colombia y que los ha convertido en gran ejemplo en todas latitudes. Ahora, a la Corte Suprema de Justicia se le viene otro reto bien difícil: elegir al nuevo Fiscal General de la Nación, entre los miembros de una terna presentada por Uribe que, después de sus ponencias ante la misma Corte, fue calificada como una 'vergüenza'.

El problema es que el presidente no quiere un Fiscal que cumpla cabalmente su deber; el presidente quiere un Fiscal de bolsillo, así como ya tiene un Procurador de bolsillo, ministros de bolsillo, gerentes de bolsillo, generales de bolsillo, congresistas de bolsillo y muchos notarios de bolsillo.

Uribe, entonces, manda a la Corte una terna donde sólo uno de sus miembros podría, muy difícilmente, ser escogido junto a otros dos que no son más que matachos para hacer obvio el nombramiento. ¡Qué difícil asunto! pero, además, qué falta de respeto la de Uribe con el país y, específicamente, con la Corte Suprema de Justicia al utilizar gastadas y bajas mañas para cerrar definitivamente el cerco que lo llevaría a ser el hitlercito colombiano.

En este caso se demuestra una vez más que el interés del presidente no es Colombia, no son sus instituciones, no es la justicia, no es la decencia, es él. Es mantenerse en el poder y manipular todo porque cuando ya no esté, cuando ya no lo tenga, tendrá las mismas pesadillas de Fujimori y de Pinochet. Esperamos que la Corte Suprema de Justicia de otro ejemplo de capacidad ante esta nueva ofensa de Uribe Vélez.

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