sábado 08 de agosto de 2009 - 10:00 AM

Vendita para el corazón de Irma

Conocí a Irma mucho antes de que el efecto invernadero calentara al mundo, en una época donde los afectos y los grandes árboles nos cubrían, protegían, y brindaban un calorcito sano, limpio, casi puro. Fue el tiempo hermoso en que pasamos de niños a adolescentes, de la intuición al conocimiento, de la obediencia tranquila a la rebeldía con causa, fueron los días en que descubrí que las niñas eran mucho más que niños con falda de uniforme, que su cercanía me producía mariposas en el estómago y la distancia el más cruel de los insomnios.

En este tropel de recuerdos aparece Irma, siempre rápida, enérgica, diligente, cumplida. Ella nunca fue profesora pero su ejemplo fue siempre la mejor lección; ella no fue prefecta de disciplina pero su presencia infundía respeto y atraía el orden; ella, no parecía ser amiga de nadie pero resultó la mejor amiga de todos; con nuestra turbulencia de entonces hubiéramos podido reventar las esclusas de la rectoría pero, estoy seguro, ella nos habría detenido en su dique de paz. Ella no era la vicerrectora administrativa pero siempre tuvo todo en perfecto orden y en el justo tiempo. Ella, Irma, era la secretaria de mi colegio, el gran secreto detrás del éxito, y con una dedicación y un amor tan grande por su trabajo que aún hoy, después de más de cincuenta años, sigue entregando a la misma causa todo su corazón.

Pero ese corazón enorme, espléndido, esta semana se cansó un poquito y le avisó, tal vez, que ya es hora de pensar en ella, en su familia, en el profesor Rodríguez –su esposo y mi maestro. Esta semana muchos de mis compañeros de entonces volvimos a encontrarnos, fuimos apareciendo desde todos los puntos cardinales para preguntar por ella, para desearle una feliz recuperación. Todos queremos ponerle una vendita en su corazón para sanarlo, para que ella pueda descansar feliz, para que mire atrás y vea el jugoso fruto de su valiosa vida.

Hace apenas unas semanas escribía sobre el valor tan grande que puede llegar a alcanzar un 'nadie'. Pues bien, Irma Santos es un claro ejemplo de ello. Ella, parodiando la frase de Osho… 'no es un fenómeno ordinario; es pura existencia sin nombre, sin dirección, sin límites... ni pecadora ni santa, ni inferior ni superior, sólo silencio'. Que esta vendita que hoy te ponemos te alivie y que el Gran Arquitecto del Universo nos permita a todos disfrutar muchos años más de tu noble compañía.

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