miércoles 12 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Millones mueren por la contaminación del aire

En el caso de Bucaramanga existen pocas estaciones de medición, algunos parámetros no se miden y los sitios donde se realizan estas mediciones no representan la realidad de la ciudad
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Según la Organización Mundial de la Salud “la contaminación atmosférica en las ciudades y zonas rurales de todo el mundo provoca cada año 4,2 millones de defunciones prematuras”. Así mismo: “Cada año, más de 4 millones de personas mueren prematuramente por enfermedades atribuibles a la contaminación del aire de los hogares, como consecuencia del uso de combustibles sólidos para cocinar”. Según el Índice Global de Terrorismo (año 2019), el número de muertes por terrorismo en el mundo disminuyó “en un 52 por ciento desde 2014, cayendo de 33,555 a 15,952”. Aunque no se trata de realizar odiosas comparaciones, si vale la pena reiterar que estas cifras dan una idea de la magnitud de los problemas de salud pública asociados a la contaminación interna y externa del aire.

La semana pasada se decretó en Bogotá una alerta amarilla en la zona suroccidental de la capital. La decisión fue motivada por “las altas concentraciones de material particulado registradas en la estación Carvajal-Sevillana”. Para la Secretaría de Ambiente de Bogotá “se enfrenta una situación de mala calidad del aire producto de las altas temperaturas, los incendios forestales y los fenómenos de inversión térmica”. “Durante las últimas 48 horas este punto superó los 35,5 microgramos/metro cúbico (ug/m3) de partículas PM 2,5: el contaminante más perjudicial para la salud de las personas”. La norma en Colombia para partículas PM 2.5 fue de 50 ug/m3 hasta julio 2018. La resolución 2254 de 2017 rebajó esta norma -a partir de esa fecha- a 37 ug/m3. En todo caso, es una norma más laxa que la de la OMS, que es 25 ug/m3. Si se tomase como referencia la OMS tal vez la alerta sería naranja o roja.

En el caso de Bucaramanga existen pocas estaciones de medición, algunos parámetros no se miden y los sitios donde se realizan estas mediciones no representan la realidad de la ciudad. Por ejemplo, las autoridades ambientales no reportan actualmente mediciones en el centro, ni Cabecera ni en Ciudad Norte, entre otros. Y si estos pocos datos se comparan con las laxas normas de la legislación nacional, se puede pensar que no sabemos cuál es realmente la calidad del aire que respiramos. Tampoco la del agua que bebemos, como señalaba en columna del pasado enero 22.

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