Publicado por: Jorge Eliecer Díaz Wilches
Doloroso resulta ver en televisión a nuestros hijos maltratándose físicamente como si fuera animales salvajes, sin que nadie intervenga para frenar esa lucha alocada de poder, donde impera la violencia, la intolerancia y el irrespeto.
Vemos lanzar patadas, puños, piedras, cuchilladas, disparos con armas de fuego dejando heridos o muertos en su desenfrenado comportamiento.
Pero ¿Dónde está papá o mamá? ¿Qué acciones asumen las instituciones educativas en este caso para evitar estos actos de ira, exaltación o intemperancia entres sus alumnos? Como padre de familia estoy preocupado. Espero su opinión.
RESPUESTA
Estimado señor: Estamos pasando por una crisis de valores que se aflora en el comportamiento de niños y jóvenes en su ámbito escolar y social. Es común en éste momento verles formando parte de bandas delincuenciales, inmersos en la droga, el sexo prepago, el vandalismo y otra serie de actos y vicios que coartan su libertad.
Pero, ¿qué ha venido pasando? ¿Cuáles podrán ser las causas de tan irrefrenable comportamiento? Estos factores de descomposición social tienen como asidero los problemas familiares por la irresponsabilidad de algunos padres que han dejado de ser aquel modelo o imagen digna en la cual sus hijos se reflejen.
La carencia de comunicación asertiva en el hogar, intolerancia, maltratos físicos, emocionales o vacios afectivos se reflejan de diversas maneras en su relación escolar.
He ahí la importancia de los programas desarrollados en las escuelas de padres que pretenden formar integralmente a papá y mamá para que complementen los procesos de formación que se vienen implementando con sus hijos en las instituciones educativas.
REFLEXIÓN
Los factores de riesgo delincuencial se minimizan cuando desarmemos el corazón y aprendamos a escuchar, comprender, valorar, tolerar y respetar a nuestros chicos. Debemos ser buenos padres asumiendo conscientemente nuestro papel como primeros formadores de su carácter y personalidad, siendo para ellos un digno ejemplo al evitar maltratarles o reprenderles con violencia.
Llegó la revolución de los valores en la familia donde papá y mamá se preparen intelectualmente para conocerles en toda su dimensión inculcándoles fe, confianza y seguridad en sí mismos, enseñándoles a tolerar, respetar y aceptar a los demás con cualidades, habilidades y defectos, buscando por encima de todo su realización y felicidad.
He ahí el comienzo de la transformación positiva de nuestros amados hijos. Jamás olvide que son el regalo más bello que Dios nos ha podido conceder.









