miércoles 02 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Jorge Gómez Duarte

Aprendamos del pasado

Ayer comentaba con lamentos uno de los columnistas, las experiencias vividas en el pasado sobre las elecciones en Bucaramanga y las oportunidades perdidas para elegir buenos alcaldes, como consecuencia de la poca experiencia en campañas electorales y escasa maquinaria política de los buenos candidatos, sin menospreciar la competencia dura, sucia y amañada de los políticos tradicionales.

En las dos últimas contiendas, hemos contado con mejor suerte, al elegir alcaldes provenientes del sector productivo, que aplicaron mejores estrategias de campaña y contaron con recursos económicos suficientes para ganar, además de tener como bandera el combatir la corrupción, flagelo que pululaba con anterioridad y que indudablemente no permitía contar con los recursos económicos suficientes para acometer obras importantes que propiciarán el desarrollo local y conurbano.

Los resultados se han visto y las finanzas municipales han mejorado; pero no basta con acabar la corrupción para generar desarrollo, hay que invertir los dineros en obras de mayor impacto y envergadura, verdaderamente importantes y prioritarios para el crecimiento social y económico, apalancandolos con recursos externos logrados producto de la gestión permanente e insistente ante el gobierno nacional, así sus resultados solo se vean en futuras administraciones.

Ojalá sigamos cada vez eligiendo mejores burgomaestres. Dentro de un año escogeremos el reemplazo del actual alcalde y en esa oportunidad la contienda política será más compleja, al entrar en juego, además de la politiquería tradicional, las diferencias ideológicas, donde las ansias de poder primarán sobre las conveniencias y los deseos de unión y productividad.

Que bueno sería desde ahora, comenzar a construir por parte de la sociedad civil, un gran proyecto de ciudad y área metropolitana, con visión de largo plazo, que incluyera en su conjunto las bases para un desarrollo armónico, equitativo e inclusivo, el cual fuera compartido con los futuros candidatos y lo tomaran como plan de gobierno, pudiendo darle su matiz personal sin cambiar su esencia y que ello no generara resistencias o rivalidades pasionales, sino dialogo y trabajo conjunto para dirimir las diferencias.

Soñar no cuesta nada. Estamos en la época del cambio y la reconciliación.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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