miércoles 29 de junio de 2022 - 12:00 AM

Construyamos sobre lo construido

Transcurrido un poco más de una semana desde la elección del nuevo presidente, la calma ha vuelto a reinar en el ambiente, y aunque persiste en muchos la preocupación por los cambios que se avecinan, el espíritu conciliatorio expresado por el presidente electo y la invitación cursada a los diferentes sectores para elaborar un acuerdo nacional, ha disminuido la incertidumbre y creado esperanzas.

Muchos han aceptado involucrarse en esta iniciativa, no sin antes manifestar, como debe ser, la independencia ideológica y el respeto a las diferencias. Son conscientes que requerimos hacer cambios estructurales para superar la crisis y lograr una mayor equidad social, sin que ello implique borrón y cuenta nueva.

Antes de la ley 100 de 1993, la administración y los servicios de salud estaban en manos estatales, la cobertura de atención solo alcanzaba el 32% y la infraestructura asistencial practicamente se limitaba a centros de salud y hospitales públicos, pobremente dotados y limitados en sus recursos eco-nómicos, lo cual los hacía incapaces de absorver con calidad la alta demanda. Nos preocupan ahora algunas propuestas de volver al pasado, dejando nuevamente la administración y los servicios en manos del sector público.

Son obvios los progresos logrados en el sector después de la mencionada ley; hoy contamos con un sistema reconocido a nivel mundial por su calidad, cobertura y derechos, siendo este último sin límites, la cobertura poblacional alcanza el 98%, el nivel de satisfacción es del 80% y el sector privado absorve el 85% de la demanda a nivel nacional.

No necesariamente el Estado debe ser un prestador de los servicios, las experiencias como tal no han sido las mejores, El gobierno está llamado a trazar las politicas estatales y expedir las leyes normativas que organicen y regulen la prestación de servicios, así como ejercer el control sobre la calidad de estos, aplicando sanciones en caso de transgresiones a las normas.

Los problemas surgidos en el sector y que recaen en buena parte en las EPS, son producto de la inoperancia de los entes de control que por muchos años permitieron la transgresión de las normas y el incumplimiento de indicadores, lo cual se ha mejorado en los últimos años liquidando un buen número de aseguradoras, pero no por ello debemos cambiar de modelo. Habrá que seguir haciendo el control y los ajustes necesarios.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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