miércoles 20 de abril de 2022 - 12:00 AM

El apogeo de las campañas sucias

Tenemos que erradicar las campañas sucias del actuar político y establecer códigos de ética y buen gobierno aplicables a campañas y candidatos

Han pasado cinco años cuando escribi mi columna sobre la utilización de las campañas sucias como medio para ganar elecciones. Para ese entonces, su uso se constituia en una actitud vergonzante, hasta el punto de mantenerse en secreto dentro de las campañas y deslindar al candidato de cualquier responsabilidad en su implementación. Eran actos anónimos ejecutados por equipos humanos satélites, contratados y especializados en el tema, muchos de ellos actuando desde el exterior. Recuerdan ustedes el caso del “hacker” en la campaña presidencial del 2014, el cual quedó sin plena aclaracion sobre sus ideólogos y beneficiarios.

Hoy, se ha perdido totalmente la vergüenza en las campañas y los políticos son conscientes que hablar mal del otro, así sea con verdades a medias, mentiras absurdas, tergiversaciónes acomodadas o imputaciones sin fundamento, dan buenos resultados electorales y eso es lo que importa para ellos, ganar a cualquier precio, sin importar los valores éticos que se quebrantan.

Hoy el tema no solo se encuentra vigente, sino también en su apogeo. Su uso ha pasado a ser aceptado por la comunidad en forma abierta, la cual se constituye inocentemente en colaboradora, al echar a rodar como bolas de nieve las falsedades, siendo imposible recoger el daño posteriormente, habiendo quedado la siembra de la duda en los indecisos y la fé a ciegas en los creyentes.

Ha sido tal el auge de esta actitud que hasta los mismos candidatos se atreven hoy en día a decir en público mentiras de gran calibre, que luego tratan sin ningún sonrojo de acomodar, ante la evidencia de su falsedad y los cuestionamientos de los medios. Que confianza puede tenerse en este tipo de candidatos y cómo creer en sus propuestas de campaña, así las hayan autenticado en notarías.

El papel aguanta todo y su no cumplimiento posterior, no genera sanción alguna para el promesero; los sentimientos de culpa quedan en los electores que creyeron en él, pero las consecuencias de un mal gobierno las padecerá toda la población.

Tenemos que erradicar las campañas sucias del actuar político y establecer códigos de ética y buen gobierno aplicables a campañas y candidatos, los cuales sean camisas de fuerza obligatoria y consecuencias jurídicas por su incumplimiento, aplicables igualmente a los planes de gobierno propuestos.

La democracia no es sinónimo de libertinaje, conlleva derechos y deberes y los presidentes, desde su época de campaña, deben dar ejemplo de su cumplimiento.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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