miércoles 09 de octubre de 2019 - 12:00 AM

El emprendedor

Este es un ejemplo más que nos queda, delegar en nuestros hijos, en forma progresiva, las responsabilidades empresariales de nuestras empresas familiares
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Diariamente surge en diferentes medios la pregunta sobre la gestación de los emprendedores exitosos, nacen o se hacen. Cada vez me convenzo más de la teoría que afirma la razón innata del espíritu emprendedor. En nuestro medio hay muchas experiencias que lo confirman, el ejemplo más reciente lo tenemos en la vida y obra de Horacio Enrique Blanco Guarín, quien falleció en días pasados; un joven inquieto, estudiante del común, que migró de la provincia comunera a formarse en Bogotá como ingeniero civil y con quien tuve la oportunidad de compartir hogar en épocas de estudiante universitario. Desde entonces mostraba su personalidad extrovertida, positiva, creativa, para quien no existían dificultades porque todo era solucionable, por el contrario, estas se volvían oportunidades. Una persona sencilla, trabajadora, amiga de sus amigos y conciliador con sus enemigos, perseverante, apasionado, que enfrentaba retos con obstinación hasta sacarlos adelante, con visión de negocios, arriesgado, asertivo, con capacidad de convencer e infundir confianza. Estos y otros muchos atributos más lo llevaron, partiendo de una pequeña empresa de obras civiles en 1979, a consolidar una sólida empresa constructora en el presente, Constructora Fenix, una de las principales empresas de la región, con proyección nacional e internacional.

Conozco bien su trayectoria y se que no fue fácil, pero con sus capacidades supo sortear las crisis y salir adelante, sacando de ellas muchas enseñanzas que le permitieron tomar más impulso. Podríamos decir que nació con las potencialidades para ser un triunfador; con la universidad de la vida las desarrolló, y entre éxitos y fracasos, al final logró su objetivo, entregar a sus hijos y esposa la gran empresa de sus sueños.

Este es un ejemplo de vida emprendedora, pero además, un ejemplo a imitar en la vida familiar. “Kike”, como le decíamos los amigos, consolidó un hogar que fue su sustento emocional en todos sus proyectos, pero además, poco a poco, a medida que crecieron sus hijos, fue vinculándolos a ella para asegurar la continuidad de la obra emprendida hace 40 años. Con ello, como empresa de familia perdurarán sus enseñanzas, el espíritu de su creador y el compromiso de seguir adelante. Este es un ejemplo más que nos queda, delegar en nuestros hijos, en forma progresiva, las responsabilidades empresariales de nuestras empresas familiares, especialmente cuando en nuestro medio, es tan frecuente este modelo empresarial. Paz en su tumba.

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