miércoles 12 de enero de 2022 - 12:00 AM

Inflación y salario mínimo

Hace unos días veíamos con buenos ojos el incremento del salario mínimo en un porcentaje del 10,07%, cifra que no se había visto desde las épocas de la hiperinflación a comienzos del 2000, lo cual estaba justificado en aumentos del costo de vida que bordeaban la decena y generando aumentos reales que no superaban el 1%.

Se creía que en esta oportunidad, tal incremento iba a permitir recuperar en un 7% el poder adquisitivo del salario mínimo, dadas las proyecciones del Banco de la República que contemplaba una inflación del 3%. Acabamos de conocer los datos del DANE sobre inflación en el año anterior, la cual alcanzó el 5,62%, reduciéndose entonces el aumento real a un 4,45%.

Las proyecciones para el presente año no son halagüeñas. Buena parte de los expertos han replanteado al alza sus proyecciones, colocándolas por encima del 4,5% y los más atrevidos vaticinan un 7%, lo cual sería fatal para el bienestar social, perdiéndose entonces la poca ganancia lograda con el aumento del salario mínimo y disminuyéndole la capacidad adquisitiva a la población asalariada de ingresos bajos.

La intención de un aumento del salario mínimo, no debe ser solo la recuperación de la capacidad de compra, sino también mejorar el bienestar económico de las clases sociales que viven de ese tipo de remuneración y así, en forma paulatina, disminuir la brecha existente entre los diferentes estratos, la cual en Colombia es muy amplia.

Ahora bien, se podría mejorar ese margen, si los costos de la canasta familiar se mantuvieran estables o las alzas fueran acordes con el impacto de los incrementos salariales en la producción; porque los salarios solo afectan parcialmente sus costos; con frecuencia esta razón se vuelve excusa para mayores aumentos de precios.

En últimas, estamos ante un círculo vicioso en que se aumenta el salario mínimo, crece la inflación y vuelven a subir los salarios; y quieres más se afectan son precisamente los de salario mínimo. Debemos romper el círculo controlando la inflación, para lograr un aumento real del salario.

Mientras sigamos como vamos, los informales no tendrán interés en la contratación laboral formal con salario mínimo; no solo por el poder adquisitivo de éste, sino también por la serie de subsidios estatales que pierden con su vinculación y los descuentos por seguridad social. Decía Ronald Reagan: “el mejor subsidio es un empleo”, remunerémoslo en forma adecuada.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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