miércoles 13 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La infiltración de las protestas

es necesario desenmascarar las verdaderas intenciones de unos cuantos que aprovechan las oportunidades para sembrar zozobra
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Hace tres meses escribía en esta columna sobre la estrategia de sembrar el caos como mecanismo para lograr el poder político en el país y cada vez nos acercamos más a esos vaticinios. Para el próximo 21 de noviembre, bajo el liderazgo de las centrales obreras y el apoyo de diversos grupos sociales y políticos, se tiene programado un paro nacional para protestar contra el gobierno de turno, por rumores sobre reformas en la legislación laboral, la estructura del salario mínimo, la privatización de empresas, reforma pensional y ampliación de la tributación, entre otros temas, cuya aprobación no depende solo del gobierno, dado que la mayoría de estas ideas deben estructurarse y contar con los estudios técnicos de impacto social, así como someterse al debate en el Congreso, instancia donde precisamente el partido de gobierno es minoritario y muchas iniciativas llevadas a su consideración han sido negadas.

Aunque la protesta es un derecho en cualquier democracia y la preocupación puede ser válida, muy frecuentemente se tejen otros intereses, especialmente de tipo político, que pretenden pescar en río revuelto. Creo que en esta oportunidad hay un componente muy grande en este aspecto, el cual debemos tener en cuenta para no dejarnos embaucar en movimientos cuyo fin último dista mucho de las motivaciones iniciales.

Hemos visto en el país cómo en estas manifestaciones multitudinarias se infiltran saboteadores que incitan y generan la violencia, volviéndose ellas incontrolables y de consecuencias fatales. Recientemente, hemos visto en otros países estas situaciones y ojalá me equivoque, pienso que vamos camino a vivir similares experiencias.

Quienes no queremos llegar a los extremos de la anarquía, momento en el cual es más difícil la recuperación, no podemos continuar siendo simples espectadores de la problematica nacional; por el contrario, debemos tomar partido manifestando en forma pacífica y constructiva nuestra opinión, al igual que contribuyendo en la solución de los problemas sociales y económicos que motivan estas protestas.

Pero también, es necesario desenmascarar las verdaderas intenciones de unos cuantos que aprovechan las oportunidades para sembrar zozobra y destruir lo construido en el país durante muchos años: una democracia, que aunque no es perfecta, respeta los derechos fundamentales de su población.

La invitación es a unirnos en torno a las instituciones y por las vías legales, con libertad, pero con orden, hacer los ajustes necesarios que permitan unas mejores condiciones de vida para todos. Solo así podremos tener en un futuro un país en paz y con bienestar.

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