miércoles 11 de mayo de 2022 - 12:00 AM

La violencia en la política

Acabamos de vivir una experiencia más de la impotencia y la falta de gobernabilidad que vive el país, como también el poder que han adquirido los grupos violentos para amedrentar y sembrar el miedo. Se volvió costumbre que cuando cualquiera de los tres poderes legítimos que gobiernan, toman decisiones que afectan los sentimientos e intereses de los grupos violentos, o generan oportunidades para protestar y mostrar el poder político-militar, acuden al bandalismo y los paros armados.

Hace un año estuvimos arrinconados por grupos de barbaros, que aprovechando la protesta pacífica, sembraron el caos por cerca de un mes, y solo el paso del tiempo y el cansancio fueron capaces de debilitarlos, permitiendo que las gentes de bien, que somos la gran mayoría de los colombianos, recobraramos la libertad y el orden.

La semana pasada, buena parte del país se paralizó por cuatro días por orden de grupos armados al margen de la ley, los cuales mediante amenazas y hechos violentos contra quienes se atrevieron a desobedecer, obligaron a su población a parar actividades y esperar nuevas decisiones que permitieran reactivar la vida normal.

En zonas apartadas donde operan otros grupos, son comu-nes estos hechos, los cuales suelen pasan inadvertidos para quienes vivimos en las ciudades, pero que demuestran la existencia de territorios en manos de autoridades ilegales e independientes, donde la ley del monte es la que impera y se obedece, so pena de sufrir las consecuencias, con frecuencia fatales.

Se avecinan elecciones para escoger el nuevo presidente del país y los ánimos estan cada día más caldeados, por ahora con enfrentamientos verbales; pero existen grandes riesgos que al final del proceso e independiente de quien gane, volvamos a vivir hechos aún más violentos que los anterioriores, para lo cual todos, pero especialmente el gobierno central y las autoridades civiles y militares regionales, deberán estar muy preparados.

Como personas civilizadas que somos, ningún proceder violento es admisible, independiente de quien viniere y por la razón que fuere. Procederes de este tipo son producto de fanatismos irracionales y personalidades patológicas, cuyo actuar anómalo debe ser rechazado por la sociedad y castigado por la justicia.

Colombia tiene una tradición democrática de larga data y un profundo respeto por los resultados electorales. La fuerza no puede ser nunca el medio para imponer o deponer gobiernos, como tampoco la violencia la forma para manifestar su impugnación o los desacuerdos.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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