miércoles 20 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Las buenas noticias económicas

El crecimiento del 3,3% y los vaticinios sobre un mayor crecimiento nos deben animar a superar el pesimismo que nos ha embargado en los últimos años
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Una luz de esperanza para el país se sintió en días pasados con el anuncio sobre el crecimiento de la economía en el último trimestre, impulsado principalmente por el comercio, la administración pública y la actividad financiera y seguros. El crecimiento del 3,3% divulgado por el Dane y los vaticinios mencionados por los analistas financieros sobre un mayor crecimiento para el último trimestre del año nos deben animar a superar el pesimismo que nos ha embargado en los últimos años, con una gran desconfianza a cerca del futuro del país.

La caída progresiva de la economía en la que veníamos desde años anteriores, aunada a los problemas sociales y las divergencias políticas crearon en muchos la idea de un panorama oscuro y un futuro incierto para todos; pero la economía es cíclica y cuando existe un aparato productivo sólido y se dan armas e incentivos para la recuperación, esta se adapta a las circunstancias y reacciona en forma positiva, abriendo nuevos renglones e innovando en productos y estrategias para aprovechar las oportunidades.

Esperamos que el crecimiento económico continúe y se mantenga en el tiempo como elemento fundamental para superar los problemas sociales. La única forma de disminuir la pobreza es generando riqueza y esta solo se logra con un sector productivo, dinámico, creciente, que genere empleo adecuadamente remunerado y pague impuestos razonables al Estado; los cuales se deben aplicar prioritariamente en subsidiar la formación de quienes no tienen recursos para ello, crecer en infraestructura logística para ser competitivos e incentivar la creación de nuevas empresas generadoras de empleo. En últimas, la clave se reduce a tener una población bien educada y oferta de empleo suficiente para absorber esa población. En esas condiciones ellos mismos serán capaces de seguir adelante.

El otro elemento fundamental es nuestra clase política. Todo lo anterior será posible si la dirigencia política tiene la altura para comprender que su función es contribuir al bienestar común por encima de sus intereses personales, y que los dineros públicos deben estar encaminados a solucionar los problemas de la comunidad. Obviamente, deben tener una remuneración como cualquier profesional que ejerce un cargo importante, pero adicional a ello, no puede tomarse como una forma de enriquecimiento ilícito, disminuyendo los recursos económicos que deberían ir a solventar los problemas de la población.

Cuando entendamos que el bienestar común es indispensable para nuestro bienestar individual y lo pongamos en práctica podremos convivir en paz.

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