miércoles 26 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Los derechos ajenos

Es lamentable que en este país cada día nos vayamos acostumbrando más a las vías de hecho como forma de expresión y creamos que así van a mejorar las cosas.
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Sin querer entrar en polémica sobre la conveniencia o no del proyecto de explotación minera en el Páramo de Santurbán, en aras de respetar la opinión de cada quien, sí tengo la obligación de protestar en forma civilizada por la violación de mis derechos como ciudadano, ante los atropellos ocasionados por algunos manifestantes que se oponen al desarrollo del mencionado proyecto, quienes apostados a las puertas del Club Campestre impidieron mi salida y la de muchas otras personas, que nos encontrábamos allí por motivos muy diferentes a la razón de la protesta y que requeríamos acudir a nuestro sitio normal de trabajo.

Así como existen los derechos individuales y colectivos y dentro de ellos el derecho a la protesta, también existen los deberes personales y grupales tendientes a no vulnerar los derechos de los demás, ni causar daño en una u otra forma a su bienestar. Cómo queremos que se nos respeten si nosotros no respetamos.

Es lamentable que en este país cada día nos vayamos acostumbrando más a las vías de hecho como forma de expresión y creamos que así van a mejorar las cosas. Quizás algunos hoy se sientan triunfadores por haberse hecho notar, bloqueando puertas y obstruyendo el libre tránsito de personas inocentes, pero estas acciones despiertan reacciones adversas y sentimientos de agresividad y rechazo a proyectos que pueden ser importantes y dignos de apoyar, pero su forma vandálica de venderlos socialmente solo despiertan resentimientos y animadversión.

El Club Campestre de Bucaramanga es una institución privada orientada a prestar servicios de recreación y deporte, así como servicios de alimentos y bebidas, salones de eventos y hotelería. Su orientación es pluralista, abierta a todo tipo de razas, credos religiosos e ideas políticas, defensora de los derechos humanos y la naturaleza, pero también exigente de los deberes y la convivencia pacífica.

Como tal, la realización en sus instalaciones de cualquier tipo de reunión social, comercial o de trabajo, en este caso un evento privado de Minesa, solo comprometía a tal entidad y no debía afectar a otras personas que nada tenían que ver con el evento. El realizarlo en las mencionadas instalaciones en ninguna forma expresaba el pensamiento institucional y colectivo de sus socios y usuarios.

Termino con un llamado a la cordura, a expresar lo que pensamos y defender en forma ordenada uno de los principios fundamentales para la convivencia pacífica: El respeto a los demás.

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