miércoles 19 de febrero de 2020 - 12:00 AM

Los paros de la revolución

Es posible hacer revoluciones pacíficas y pactar cambios en los modelos socioeconómicos si deponemos los intereses individuales o partidistas
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Sin apartarme de la necesidad de una menor brecha social, como factor importante para la convivencia y el bienestar de la comunidad, no es posible aceptar los medios violentos, ni el anarquismo, como forma para lograr tan anhelada equidad. Las experiencias vividas por muchos países que han cambiado su tendencia política hacia el radicalismo de izquierda, a pesar de haber logrado imponer sus ideas, han tenido que incentivar la producción, como estrategia para generar recursos suficientes que permitan la prometida mejor calidad de vida y la sostenibilidad política del sistema.

Para repartir riqueza es necesario generar riqueza y ella solo se logra con una mayor fuerza productiva y competitiva, y gente laboriosa dispuesta a trabajar, innovar y progresar. Regímenes que han destruido el aparato productivo, han terminado sometiendo su población al hambre y la miseria y al final han tenido que introducir en sus modelos económicos, estrategias que incrementen el empleo mediante la creación de empresas, ya sean privadas, públicas o mixtas, e incentivar la inversión extranjera bajo unas condiciones que le dejen al país rentabilidad social y económica. Las experiencias de la antigua Unión Soviética, posteriormente China y recientemente Cuba, abriendo la inversión privada controlada y el desarrollo empresarial, les ha permitido superar en buena parte sus problemas sociales. Por el contrario, Venezuela está sufriendo las consecuencias de haber diezmado el sector productivo y aunque hoy trata de recuperarlo, estos son procesos que requieren décadas para lograrlo.

En Colombia, la oposición está empeñada en mostrar una mala imagen del país y del gobierno y crear al interior un estado de zozobra, lo cual genera incertidumbre y temor para la inversión, afectando la productividad y por ende las fuentes de empleo. En estas condiciones, quienes más sufren las consecuencias son precisamente quienes tienen más necesidades, al no encontrar trabajo formal y adecuadamente remunerado.

La protesta pacífica es una forma legal de manifestar el descontento, pero cuando sus medios se tornan violentos, ponen en riesgo la integridad de las personas, violan los derechos de los demás o destruyen los bienes ajenos, lo que generan es un rechazo social, menor inversión y a la postre mayor pobreza.

Es posible hacer revoluciones pacíficas y pactar cambios en los modelos socioeconómicos si deponemos los intereses individuales o partidistas y pensamos más en el bienestar de la colectividad, así impliquen sacrificios personales. Termino con una frase del filósofo griego Epicuro: “Rico no es el que tiene mucho, sino el que tiene menos necesidades”.

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