miércoles 18 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Los principios y valores en la justicia

Es lamentable que hayamos llegado a tal estado en que hasta la justicia tenga problemas de corrupción, aún en las más altas esferas
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Para ser sostenible en el tiempo un sistema democrático como el nuestro se requiere que los tres ejes del poder, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, mantengan su independencia, un adecuado funcionamiento y el trabajo articulado entre ellos. Podrán deteriorarse los dos primeros y ocasionar un estancamiento o retroceso social y económico, con consecuencias graves para el bienestar de la comunidad; pero cuando la justicia se corrompe, no solamente no se es sostenible, sino que tampoco es viable.

De todos son conocidos los casos de corrupción que se destapan frecuentemente en nuestro país en las diferentes esferas del sector público y privado, los cuales nos mantienen en permanente estado de desconfianza e incertidumbre, pero cuando comenzaron a aparecer también casos en los cuales estaban implicados miembros del aparato judicial, responsables de aplicar las penas a quienes cometen delitos, la decepción fue mayor y las esperanzas comenzaron a perderse.

Es lamentable que hayamos llegado a tal estado en que hasta la justicia tenga problemas de corrupción, aún en las más altas esferas y se den casos de tráfico de influencias, pagos para obtener fallos a conveniencia, dilación de procesos para alcanzar vencimientos de términos, sesgos y decisiones acomodadas para aliviar penas, en fin, una serie de estrategias para favorecer personas investigadas, cuando en verdad tienen altos grados de culpabilidad y merecen ser sancionadas.

El problema esta en los principios y valores de algunos de sus integrantes, cuyas ansias de enriquecimiento económico o sus intereses personales los llevan a transgredir la normatividad y cometer faltas condenables, precisamente actuando en contra de su objetivo misional de administrar justicia.

Aunque es imperativa una reforma a nuestro sistema judicial para darle los instrumentos en búsqueda de una mayor eficiencia, los recursos para ser más operativa y la fortaleza legal para la rigidez de sus decisiones, es más importante que sus integrantes tengan la preparación adecuada y los principios éticos para aplicar justicia con idoneidad y autonomía.

Por ello la reforma debe ir más allá del sistema, debe también trabajar con el sector educativo en una mejor formación de los profesionales que intervienen en el funcionamiento del sistema y van a impartir justicia, especialmente en cuanto a la creación de principios y valores que le permitan posteriormente, en su ejercicio profesional, actuar con dignidad, sapiencia y diligencia en su papel como jueces de la república. No hay persona más peligrosa para una sociedad que un sabio sin principios, ni valores.

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