miércoles 08 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Ni con el pétalo de una rosa

Somos una sociedad mentalmente enferma, donde la vida ha perdido valor y las vías de hecho suelen ser para muchos, la forma para dirimir los problemas,
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En cualquier sociedad que se precia de ser civilizada, toda forma de violencia, sea la que fuere, verbal o escrita, física o sicológica o cualquier otra que quisieran inventarse, es repudiable y merece el rechazo de la comunidad, independiente de las razones que existan y que hayan llevado al uso de ella. El respeto a los derechos y deberes humanos son regla fundamental para poder gozar de una convivencia en paz.

Desafortunadamente, nos hace falta mucho para llegar allá. La cultura opresora del más fuerte y del que se cree que lo es ha existido desde la antigüedad y ha perdurado en mayor o menor cuantía, asociado al grado de educación de la población, pero especialmente a la formación como ser humano y social. Cuando los apasionamientos son más importantes que el razonamiento, el ser pasa a convertirse en un animal inferior, incontrolable e impredecible, solo guiado por instintos y sensaciones individuales, momento en el cual deja de ser apto para vivir en la sociedad que soñamos y debiéramos construir.

Nuestra cultura tiene mucho de ello. Podrían mencionarse muchos factores de todo tipo, pero debo resaltar el impacto mental causado por la cuantiosa violencia armada sufrida por los nuestros desde la conquista hasta nuestros días y de la cultura machista que hemos heredado de nuestros antepasados, de la cual aún quedan muchos vestigios; como también, producto de las necesidades sociales y la forma de comunicación interpersonal, fuerte y agresiva, que nos caracteriza.

Decía García Márquez en su prólogo del informe de los sabios, definiendo nuestra personalidad: “somos tan pasionales, que si Colombia gana, nos matamos, y si Colombia pierde, también nos matamos” y no estaba lejos de la verdad, somos una sociedad mentalmente enferma, donde la vida ha perdido valor y las vías de hecho suelen ser para muchos, la forma para dirimir los problemas, y no el diálogo y las ideas, como deben hacerlo las personas cuerdas.

Mención especial merece la violencia de género, muy en boga en la actualidad y de la cual, desde tiempos ancestrales, muchas mujeres han sido víctimas y padecido los mayores atropellos individuales y colectivos, comenzando por la subvaloración de sus capacidades, la sumisión, el maltrato físico y sicológico y hasta el feminicidio, muchos de ellos propios de mentes sicópatas que pierden toda racionalidad y se convierten en peligros sociales.

“No hay ser más peligroso para la sociedad que un sabio sin valores y principios”. (Albert Einsten)

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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