miércoles 04 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Otras formas de protestar

No es aceptable que estas protestas se prolonguen en el tiempo y vulneren los derechos de las mayorías.
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Han pasado trece días desde que se realizó la primera protesta contra las ideas del Gobierno Nacional, tendientes a ajustar aspectos concernientes con la legislación laboral, la economía, las pensiones y la privatización de empresas públicas. Desde entonces hemos vivido en permanente estado de tensión por las frecuentes manifestaciones que se dan en las principales ciudades del país y para hoy está convocado por el Comité de Paro otro cese de actividades laborales a nivel nacional, con marchas de protesta en todo el territorio.

No sería raro que en esta nueva oportunidad ocurriera algo similar al pasado 21 de noviembre, donde la infiltración de vándalos y amigos de la violencia hicieron de las suyas, causando destrucción, saqueos y enfrentamientos con la autoridad, y dejando como balance numerosos heridos, una lamentable muerte e inmensas pérdidas económicas.

No podemos continuar en este estado de zozobra e indefinición de la situación, la cual afecta en forma negativa las actividades laborales de muchas gentes, pero en especial, de aquellas personas cuyos ingresos monetarios dependen del trabajo diario. Si queremos tener los recursos económicos para cubrir todas las necesidades que tenemos, debemos buscar otras formas de protestar, diferentes a parar el país, porque detenerlo solo lleva a disminuir la producción, deteriorar la economía e incrementar la pobreza.

Hay otras formas civilizadas de protestar en un país democrático como el nuestro, si no estamos de acuerdo con algo o con alguien. Existen los plebiscitos, referendos revocatorios y procesos electorales, en los cuales con toda libertad, podemos manifestar con el voto nuestra opinión acerca del país que queremos y quién deseamos que nos gobierne.

Es claro que la ley permite la protesta pacífica como forma de expresión y el gobierno las debe tener en cuenta al tomar sus decisiones, pero no es aceptable que estas protestas, prácticamente diarias, se prolonguen en el tiempo y vulneren los derechos de las mayorías, manteniendo al país semiparalizado.

Ahora, nuevos actores y nuevas peticiones están apareciendo en el movimiento. Algunos políticos comienzan como oportunistas a expresar su apoyo y enarbolar las banderas como propias, agregando propuestas de cambios en el sistema económico y político, aspectos que no estaban inicialmente; pero lo que es peor, incitando a la violencia como medio para alcanzar su cometido.

Afortunadamente, algunos de sus verdaderos líderes han salido a ratificar su independencia y han abierto las puertas para un diálogo con el gobierno, que ojalá pronto salga humo blanco y podamos volver a la normalidad, para trabajar unidos por un país en que podamos todos convivir en forma pacífica.

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