miércoles 29 de enero de 2020 - 12:00 AM

Prevenir es mejor que lamentar

Con frecuencia vemos permisos de construcción que transgreden las normas, como también ausencia de control sobre lo verdaderamente construido...
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Con tristeza, mas no con sorpresa, vimos los estragos que dejó la avalancha de agua, piedra y lodo que bajó en la madrugada de ayer desde lo alto, por el cauce de la quebrada Río Frío, después del torrencial aguacero que cayó sobre la montaña en la cercanía del casco urbano de Floridablanca, y se salió de madre, arrastrando con fuerza todo lo que encontró a su paso, incluyendo vehículos, enseres y motocicletas, algunas de las cuales quedaron enterradas bajo el barro, así como inundando casas y conjuntos residenciales vecinos a su lecho. Por fortuna no se perdieron vidas humanas, pero sí estuvieron en alto riesgo y muchos de ellos perdieron todo lo que tenían en sus viviendas.

Y digo, no con sorpresa, porque estas situaciones son previsibles y sus consecuencias mitigables, cuando se cumplen o se hacen cumplir las normas establecidas para la prevención de desastres. Los curadores urbanos, encargados de aprobar los proyectos de construcción, conocen muy bien la normatividad vigente y están obligados a revisar su ejecución de acuerdo con los diseños aprobados. Al igual, los organismos ambientales tienen la responsabilidad de vigilar, entre otros aspectos, las cuencas hidrográficas y los aislamientos que deben tener las construcciones en relación con el canal de los caños, quebradas y ríos.

Con frecuencia vemos permisos de construcción que transgreden las normas, como también ausencia de control sobre lo verdaderamente construido y la invasión de aislamientos para su uso en actividades comerciales, poniendo en riesgo bienes materiales y personas que permanecen allí.

En el caso que nos atañe, aunque no es frecuente que se den aguaceros con la dimensión del ocurrido en el día de ayer, debe existir un frecuente monitoreo del cauce por parte de los organismos ambientales, especialmente cuando las cañadas que sirven de continente de las aguas pasan por o están cerca de las zonas urbanas, con el fin de vigilar no solo el cumplimiento de la ley, sino también para detectar obstrucciones del flujo normal de las aguas y ordenar la limpieza y mantenimiento, evitando los represamientos que de un momento a otro puedan generan avalanchas incontenibles por las medidas establecidas en las normas.

Además, es necesario trabajar en la educación ambiental y preventiva de quienes viven junto a estas zonas de riesgo y conozcan la normatividad, no solo para que tomen conciencia y colaboren en el cuidado de las cañadas, sino también denuncien las violaciones y ayuden a evitar las tragedias como la ocurrida en esta ocasión.

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