miércoles 14 de diciembre de 2022 - 12:00 AM

Jorge Gómez Duarte

Que no cunda el pánico

Todos los aspectos de la vida están afectados por los estados de ánimo de las personas y el ambiente en que se vive tiene una trascendental influencia en ese estar sicológico.

Cuando las noticias son malas, nos dejamos absorber por el pesimismo y gastamos buena parte de nuestro intelecto en lamentar los hechos, criticar a sus actores y resguardarnos para evitar ser afectados; pero dentro de cada quien persiste el apabullamiento, olvidando las buenas cosas que también suceden.

Como consecuencia de esta situación, solemos obnubilarnos, solo vemos nubarrones para el futuro, entramos en pánico y, para algunos, la única salida es huir para evadir los problemas.

El mundo es de los optimistas y de quienes toman las malas situaciones y experiencias, propias y ajenas, como enseñanzas para no cometer errores futuros, al igual que las crisis como oportunidades a enfrentar, sobreponiéndose a las dificultades.

Todo cambio en la vida genera incertidumbre y en la medida en que transcurre el tiempo y suceden los hechos, vamos conociendo el nuevo medio en que viviremos y nos iremos adaptando a las circunstancias, pero lo que no debemos es entrar en la desesperación y salir corriendo, abandonando todo lo construido; por el contrario, lo adecuado es pensar y tratar de sacar el mejor provecho posible de la situación, como también intentar modificar para el futuro lo que nos es adverso.

Con el nuevo gobierno, medio país entró en el pesimismo sobre el futuro, algunos se fueron, otros frenaron sus operaciones, otros más siguieron su labor normal, manteniéndose expectantes para tomar las decisiones más convenientes, y unos pocos optimistas están viendo la situación como una oportunidad.

Con el pasar del tiempo, hemos visto debatir en el Congreso propuestas inicialmente radicales, pero que para bien de todos se han podido concertar, que no todo está perdido, que mucho debe cambiar, entendiendo que las posiciones extremas no son convenientes para el país.

Una de las muchas definiciones de inteligencia se refiere a la capacidad de adaptarse a las circunstancias y sacar provecho de ellas. Ese don que tenemos como seres humanos debemos utilizarlo en estas épocas inciertas, sin que su uso nos lleve a peores situaciones, quebrantando los principios, deberes y derechos propios de un bienestar común.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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