miércoles 05 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Tomémonos un tinto

Las marchas cívicas pierden su razón de ser cuando se les introduce el vandalismo y la violencia, y esto es lo que está sucediendo
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Tal como había comentado en la anterior columna, sucedió lo previsto. A pesar de las promesas de los organizadores de la marcha el pasado miércoles, que valga decirlo, tuvo una nutrida asistencia, las recomendaciones sanitarias para evitar contagios no se cumplieron y era previsible; imposible acatar las normas en ese tumulto de gente que asistió; al parecer, para los asistentes era más importante la reforma tributaria, que la salud.

Y aunque toda vida tiene un valor infinito, al final pudimos ver que la razón de la marcha no era solo la reforma tributaria, porque el gobierno retiró el proyecto y la protesta continuó y siguió creciendo, aunque con otras motivaciones; aparecieron peticiones en relación con la salud, la movilidad, la educación, las políticas macroeconómicas y sociales y el manejo general del país, y con un agravante, usando como estrategia la violencia contra la propiedad privada como forma para presionar y sembrar el caos.

Después de siete días de manifestaciones que siempre terminan en asonadas, destrozos, saqueos, enfrentamientos con la fuerza pública, heridos y hasta muertos; da la impresión que el propósito es llevarnos a la anarquía, mediante la desestabilición del país, la quiebra del sector productivo, la disminución de la inversión y fuga de capitales y el incremento del desempleo y la pobreza, para al final, forzar un cambio de gobierno.

Las marchas cívicas pierden su razón de ser cuando se les introduce el vandalismo y la violencia, y esto es lo que está sucediendo; grupos con otros intereses, se tomaron y se siguen tomando el protagonismo de las manifestaciones y destruyen todo lo que encuentran a su paso, generando confrontaciones con la policía, quienes acuden a controlar los desmanes. En la medida en que pasa el tiempo, vemos incrementarse el conflicto con más afectados, más caos y aumento de víctimas.

Todo conflicto se soluciona en una mesa de diálogo y en lugar de continuar destrozando el país y llevando su población a más ruina, sentémonos a dialogar hasta encontrar una solución, sin prepotencias, ni sectarismos, especialmente para bien de aquellas clases sociales más vulnerables, que en últimas son las más perjudicadas.

Corresponde al gobierno nacional propiciar esos espacios de diálogo con los organizadores del paro nacional, pero también con los sectores políticos, incluida la oposición, que entre otras, han manifestado abiertamente su apoyo a la protesta y a la participación. Estamos comenzando campañas políticas y a no dudarlo, este paro también tiene intereses de ese tipo. No es lógico, ni ético, por intereses personales o grupales y rivalidades ideológicas, arrastrar el país a más penurias.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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