miércoles 10 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Un comienzo soñador

Inició su gestión el presidente Gustavo Petro con un discurso idílico que impresionó a muchos, sembrando la esperanza de lograr pronto un país más justo y en paz, e invitó a todos los colombianos a unirse a su propósito, olvidando el pasado y contribuyendo con su actitud y recursos al logro de ese anhelado objetivo.

Bienvenidas las aspiraciones, pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Es difícil borrar la historia y la realidad, al igual que la cultura imperante, que entre otras cosas es producto de la globalización y la pérdida de valores y principios abolidos por el afán de alcanzar el poder y la riqueza material sin límites.

La paz total y la igualdad social, metas supremas de su gobierno, suenan hermosas y ojalá logremos avanzar hacia ellas disminuyendo la brecha existente; pero no podremos erradicar las características propias del ser humano, entre las cuales el individualismo, la violencia, la envidia y la buena vida personal, son parte del comportamiento natural.

El gobierno en general, está llamado a conducir el Estado, establecer las normas que han de regir el comportamiento ciudadano y proteger el bienestar común, por encima de los intereses particulares, con justicia y equidad; pero sin atropellos y violaciones a los derechos individuales.

Comparto los propósitos generales de sus propuestas y el uso del dialogo y la concertación como mecanismo para avanzar. Sus resultados los veremos siempre y cuando se dejen a un lado los sectarismos y la omnipotencia; aplicable ello a todas las tres ramas que lo componen. Deben ser estas, el principal ejemplo que inspire el aporte de los demás a los logros comunes. Desafortunadamente, en buena parte, no son dignos ejemplos que tengan autoridad moral para generar un cambio de cultura y despierten el sentimiento social que debiera primar para una grata y equitativa convivencia.

Sé que apenas está comenzando el gobierno y los saneamientos toman tiempo; mucho más los cambios culturales, los cuales deben volverse parte de la idiosincrasia. Los líderes logran éxitos y se consolidan cuando conformar buenos equipos de trabajo. Quedan dudas sobre la idoneidad de algunos y la repartición burocrática de otros, lo cual genera resistencia al cambio y la creencia que vamos a continuar tal como veníamos, pero con diferente rosca. Ojalá, en verdad, sea éste un gobierno de todos y para todos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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