miércoles 05 de enero de 2022 - 12:00 AM

Un nuevo año decisivo

debemos tomar consciencia de la importancia del voto en las próximas elecciones y llenarnos de razones bien fundadas para tomar tal decisión.

Como es tradicional, comenzamos el nuevo año con la esperanza que éste sea mejor que los anteriores y podamos superar al menos buena parte de las dificultades que nos aquejan individualmente; pero también, debemos ser consciente que buena parte de ellos dependen del actuar colectivo y las decisiones del gobierno de turno.

En el ámbito personal y familiar, seguramente contemplamos una serie de buenos propósitos y planes, buscando más realizaciones y mayor bienestar. Ojalá, todos ellos se cumplan; pero hay algo que en este momento es prioritario, por encima de los intereses individuales y son las elecciones de nuevo Congreso y Presidente, lo cual no solo va a afectar nuestras vidas en el presente, sino también en los años venideros y sin saberse hasta cuándo.

No podemos negar que el país ha cambiado, no en la proporción que quisiéramos y con la rapidez que deseamos, pero cambiar por cambiar no debe estar dentro de nuestros propósitos. Las experiencias de aquellos que lo han hecho en esa forma, no han sido buenas y ejemplos tenemos muchos; debemos tomar consciencia de la importancia del voto en las próximas elecciones y llenarnos de razones bien fundadas para tomar tal decisión.

Lo peor que podemos hacer en este tema es abstenernos de participar. Es absurdo que, en un país democrático como el nuestro, donde aún gozamos de la libertad de elegir a nuestros gobernantes, sin coacciones, ni represalias; cerca de un 50% de la población con derecho al voto no acuda a sufragar, aduciendo desinterés, desconocimiento, escepticismo y hasta pereza para acudir a las urnas; cuando votar es uno de los deberes más importantes de todo ciudadano y la mayor contribución que podemos hacer para tener un buen gobierno y un mejor futuro.

Igualmente, no debemos dejarnos manipular por la inmensidad de artimañas electoreras que tejen los candidatos y campañas para ganar votos; entre las cuales sobresalen la crítica mordaz e infundada sobre los contendores como eje principal de su discurso, las promesas alucinantes e irrealizables con las cuales convencen a crédulos ilusos que desconocen los temas, o la burda compra de votos con dinero, especies o promesas laborales.

Por quien votar, debe ser una decisión personal producto del análisis y el mayor conocimiento posible sobre los candidatos, deponiendo los sentimientos e intereses personales y pensando en el mejor para el país; o el menos peor, como suelen decir los pesimistas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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