miércoles 13 de julio de 2022 - 12:00 AM

Volviendo a la Colombia rural

Una inmensa preocupación despertaron las declaraciones de la próxima ministra de Agricultura, Cecilia Lopez, quien anunció su propósito de desarrollar una reforma agraria orientada a la redistribución de las tierras ociosas en el territorio nacional, usando como mecanismos el establecimiento de tasas impositivas según las capacidades productivas de estas, de tal forma que obligue a los propietarios a producir más para pagar los impuestos, o a vender sus predios al Estado para repartirlos.

Debemos aceptar que tenemos en el país una gran cantidad de tierras subexplotadas, que podrían aportar mucho más a la economia nacional y volver al país un gran productor de alimentos para el mundo; pero la propiedad no es la que produce los alimentos, la tierra es una parte a la cual hay que agregarle una inversión de capital para arreglarla, sembrar, hacer mantenimiento de los cultivos, rezar para que llueva lo necesario y asumir el riesgo de los vaivenes del mercado, esperando que los ingresos alcancen a cubrir los costos.

Según La República y con base en datos del IGAC, el 42,5% de las tierras en Colombia son propiedad privada, el 30,1% pertenece a resguardos indígenas y comunidades afrodescendientes, el 10% aproximadamente son áreas protegidas del Estado y un 0,7% corresponde a baldios; siendo las dos últimas las zonas de mayor deforestación y cultivos de coca.

Sin negar que siempre será posible mejorar, la mayor productividad agraria se concentra en los terrenos del sector privado, a pesar de los escasos incentivos existentes para la inversión en el sector, lo cual si existe en otros paises. Son las otras tierras, las que conforman la gran mayoría de las zonas improductivas.

Las experiencias de reformas agrarias en Latinoamérica no han sido exitosas, la productividad ha disminuido y la mayoria de los adjudicatarios terminaron con el tiempo vendiendo sus parcelas, dado que no tenían los conocimientos, los recursos económicos y la asistencia técnica para hacer sostenible sus proyectos agricolas.

Seguimos pensando en la Colombia rural de comienzos del siglo pasado, en que la propiedad de las tierras era sinónimo de riqueza y poder. Hoy estamos en la era industrial y camino al uso de las tecnologías; lo correcto es llevar estas aplicaciones al agro y no retroceder un siglo en el desarrollo socioeconómico del país agrario por razones políticas.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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