sábado 10 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Chile sin consensos

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El 4 de septiembre pasado alrededor del 62 por ciento de los chilenos decidieron en un referéndum rechazar la nueva constitución presentada la Convención Constitucional. Las oportunidades históricas que tienen los Estados para realizar transformaciones sociales y una redefinición de la arquitectura institucional son únicas, no muy frecuentes y se deben aprovechar. Chile está dilatando esa oportunidad por causa de la polarización, la incapacidad de llegar a consensos y el intento de un grupo ideológico de proponer transformaciones muy radicales.

La decisión de los chilenos de reemplazar su constitución inició en 2019, con protestas en todo el país impulsadas por un aumento en las tarifas del metro. Con el objeto de parar la violencia, los líderes políticos acordaron someter a referéndum la Constitución de la nación y, en 2020, casi cuatro de cada cinco chilenos votaron a favor de cambiarla. Sin embargo, el nuevo texto de la Carta Magna fue redactada por la Convención Constitucional, compuesta por 154 miembros previamente electos, en la que la mayoría eran independientes, académicos, muchos sin experiencia política. Mas de dos terceras partes de la convención estaba controlada por reformistas de la izquierda ideológica, quienes no necesitaron negociar por obtener los votos de la tercera parte conservadora.

El nuevo texto rechazado por los chilenos consistía en una propuesta de 388 artículos que buscaba ser garantista de más de 100 derechos y exigir paridad de género en el sector público, fortalecer las regulaciones sobre minería, otorgar mayor autonomía a los grupos indígenas, empoderar a los sindicatos y otorgar derechos a la naturaleza y los animales. Además de permitir la reelección y determinar a Chile como un Estado plurinacional, lo que generó rechazo por la división que esto podría generar.

Chile no es ajeno a la polarización política e ideológica del mundo. La izquierda en cabeza del presiente Boric, un líder estudiantil que lideró las protestas en 2019, logró recoger ese sentimiento de rechazo a la institucionalidad y exigencia de reformas. Sin embargo, no logró negociar con la derecha e impuso un nuevo texto constitucional sin consenso. Ahora con capital político desgastado en un contexto de incertidumbre institucional, la izquierda y el gobierno deberán buscar reales consensos reflejados en una constitución más incluyente.

JORGE GUZMáN

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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