sábado 27 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

La llegada de una bebé y la migración

No puedo evitar preguntarme las circunstancias que han enfrentado las madres venezolanas que han llegado a nuestro país caminando, sin un techo dónde dormir...
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Escribo esta columna desde el Hospital de Georgetown en Washington, D.C., junto a Laura, mi esposa, quien lleva más de 24 horas en trabajo de parto para traer al mundo a nuestra hija. Hace un par de meses llegamos a vivir a este país luego de tomar la decisión de que ella asumiera un nuevo reto profesional.

Desde entonces, han sido muchos los desafíos que hemos enfrentado: dejar su familia en Bucaramanga en un momento tan especial; conseguir médico pues los que nos recomendaron no nos aceptaron por lo avanzado del embarazo (7 meses); conseguir un seguro de salud que cubriera lo que el seguro médico del trabajo de mi esposa no cubría; cambiar de sistema y adaptarnos a los protocolos, procedimientos y decisiones que hubiesen sido distintos en Colombia. Por ejemplo, en Estados Unidos existen las prácticas, que son un grupo de doctores que se alternan entre consultas, atención de partos y descanso. Lo que supuso que nuestra médica no estuvo al frente del parto.

Adicionalmente, retos logísticos como encontrar casa para contar con las condiciones adecuadas para la llegada de un bebé; lograr que nuestras pertenencias salieran de Cartagena y llegaran en medio de la crisis logística y de contenedores a nivel mundial.

Superar estos obstáculos requirió una gran capacidad de adaptación, sobreponerse a frustraciones y el valor y fortaleza que sólo una madre tiene. No puedo evitar preguntarme las circunstancias que han enfrentado las madres venezolanas que han llegado a nuestro país caminando, sin un techo dónde dormir, sin una comida caliente para brindar a sus hijos, a pesar de los esfuerzos que el gobierno ha hecho para atender esta crisis humanitaria. Preocupaciones muy lejanas a las que vivimos Laura y yo.

Valoro profundamente la fortaleza y el coraje de las madres. Quiero también expresar el orgullo que siento por Laura, cuán agradecido estoy con Dios por el hogar que formamos y la ilusión que tengo por la llegada de nuestra hija, Isabella.

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