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José Félix Lafaurie
Domingo 12 de mayo de 2013 - 11:45 PM

Se Maduró la “petrodemocracia”

Publicado por: Jose Félix Lafaurie

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La crisis venezolana tiene visos de terminar en una implosión social de incalculables proporciones. La polarización social tras los dudosos comicios que dieron la victoria a Maduro por un estrecho margen y su impugnación por parte de la oposición, dejan al nuevo gobierno en el incómodo terreno de una débil legitimidad. El impasse no sólo compromete la gobernabilidad para rescatar al país de la parálisis económica, sino que además desnuda el régimen anti-democrático que operaba. Cayó la máscara y con ella crece el descontento que ahora el oficialismo ataja infundiendo terror.

Han sido casi 3 lustros de maduración del Socialismo del Siglo XXI. Chávez se cuidó de mantener los procesos electorales como único pilar de fachada democrática, con resultados más o menos creíbles. Aunque las restricciones a las libertades públicas, la persecución política, la censura, la inexistente separación de poderes o la violación de los derechos humanos y de la propiedad hacían evidente el camino hacia la dictadura. No obstante, la jornada del 14 de abril y los acontecimientos post-electorales dieron el puntillazo final y bajo el influjo de Cuba, crece el totalitarismo.

La sucesión previa de hechos inconstitucionales, daban cuenta de la estrategia para asegurar la profundización del socialismo a cualquier precio en la era post-chavista.

No extraña entonces la indigna salida de desviar la atención, con la teoría del complot para asesinar a Maduro por parte de paramilitares al servicio del expresidente Uribe. Un expediente muy recurrido del régimen cubano, para desviar a la opinión de los problemas internos. En consecuencia, más allá del malestar por la crisis de nuestros hermanos venezolanos, los hechos obligan a una reflexión sobre sus efectos para nuestro país y la región. Más, si se trata de un gobierno sin “personalidad” propia, un burdo continuismo del chavismo, cuya estrategia se basa en “comprar” la conciencia hemisférica para legitimar desde afuera un gobierno ilegítimo.

Preocupa que desde nuestra orilla falte contundencia para rechazar la destrucción de la democracia venezolana. Ahí está el tímido reclamo de nuestro gobierno, luego de la grave afrenta contra el expresidente Uribe. Nos preguntamos si Colombia va a avalar un gobierno que cada vez parece más una dictadura y menos una democracia. ¿Colombia es consciente del grave daño de tener en la región a una Venezuela no democrática y, al tiempo, con una situación económica y social explosiva? La paz en Colombia pasa por una democracia real en Venezuela.

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