Publicado por: José Manuel Acevedo
¿Quién cree usted que ha matado más policías? ¿Pablo Escobar o Iván Márquez? La pregunta no sería rara hace un par de años pero ahora como estamos en son de paz parece prohibido preguntar, prohibido pensar distinto y prohibido siquiera insinuar que los jefes de las Farc son responsables de crímenes de lesa humanidad. Lo dice el Gobierno central; lo pide el Fiscal General y casi, casi, lo manda también la autoridad local que, en el caso de Medellín, estuvo tentada a quitar las dichosas vallas con las que Pacho Santos dejaba planteada esa sencilla pero pertinente pregunta: ¿quién cree usted que ha matado más?
Las vallas de Pacho dejan en evidencia un problema de intolerancia a la crítica que hace mal. Todos debemos creer en la paz, es cierto. Lo manda la Constitución. Lo que no todos tenemos que tragarnos entero es que el camino que está surtiendo el Gobierno para alcanzarla es el único por el cual se puede llegar.
La crítica y el disenso son pilares de la democracia. Los santistas están en el legítimo derecho de insistir en los acuerdos de La Habana, los colombianos estamos en el nuestro de pedir que comiencen a ser publicados esos acuerdos y los uribistas pueden censurar a su antojo cualquier intento de perdón y olvido para los cabecillas de las Farc.
Algunos en el Gobierno parecen no entenderlo así y en su empeño de lograr apoyos para ‘su’ proceso pueden estar llegando al límite de la censura en contra de quienes no creen en él. ‘Los enemigos de la paz’, como les llaman el Presidente y sus ministros, pueden ser enemigos de este Gobierno, de esta forma de hacer la paz pero no en últimas de ese anhelo universal de paz. La crítica y los críticos deben ser escuchados. En vallas o en altoparlante. Sus voces no se pueden callar.









