Publicado por: José Manuel Acevedo
Dicen que las Farc y el Gobierno en La Habana cerrarán con éxito, dentro de poco, el primer punto de la negociación de paz que tiene que ver con la reforma agraria. Dicen que se ha concedido razonablemente y que las varias cuartillas de acuerdo han sido socializadas en secreto con los dirigentes gremiales clave. Dicen que pasaremos a un segundo punto para el cual el terreno ya está abonado: el de la participación política. Dicen que Roy Barreras, a quien nada le cuesta cambiar de ideas como de calzoncillos, ya tiene todo palabreado.
Dicen que en menos de un año el Presidente del Congreso pasó de asegurar que el Marco Legal para la Paz no iba a permitir la llegada de los cabecillas de las Farc al Congreso, a admitir recientemente en una entrevista a la agencia EFE que sí; que ‘Timochenko’, ‘Márquez’ y sus muchachos terminarán en el Capitolio, muy tiesos y muy majos.
Y mientras dicen y dicen, el país se pregunta si será posible tragarse tanto sapo. ¿Demasiada impunidad como para aguantárnoslo todo dizque en aras de la paz?
Colombia reclama más transparencia en este proceso. La sana confidencialidad se está confundiendo con el secretismo y mientras lo primero blinda al proceso de innecesarias interferencias, lo segundo raya en un complot en el que todo vale, con tal de firmar un papelito cuyo título diga grande la palabra “Paz”. Como si tan solo de eso se tratara y nada más.
Sabemos que existen niveles inevitables de impunidad, pero ¿tanta generosidad a cambio de unos cuantos fusiles silenciados – quién sabe por cuánto tiempo – se justificará?
Puede que nuestros negociadores estén prestos a perdonarlo y amnistiarlo todo, a dejar que aquellos alegres muchachos se vayan derechito al Senado sin pagar un solo día de cárcel, ¿pero la sociedad, desposeída de información sobre lo que está ocurriendo en La Habana, permitirá tanta indulgencia sin más?









