Publicado por: José Manuel Acevedo
El ex presidente colombiano Álvaro Uribe tilda a Nicolás Maduro de ser el continuador de un régimen represivo. Maduro dice que Uribe está detrás de un plan para asesinarlo y no teme llamarlo así: asesino. Mientras tanto, el ex presidente Andrés Pastrana opina lo obvio: Colombia se convirtió en validador de un gobierno espurio. Al tiempo, Juan Manuel Santos estrecha su relación con el gobierno venezolano y calla frente a la carta democrática de la OEA, los abusos contra la oposición en ese país y la poca claridad de unas elecciones en las que solo habrá recuento cuando estén seguros de que éste se hará al acomodo chavista y arroje el resultado que éstos quieren ver.
Santos está frente a una ‘sinsalida’, opinan algunos. Si objeta tanta injusticia venezolana,se enfrenta a la ira de Maduro y pone en riesgo su proceso de paz, es decir, su reelección.
Pero si guarda silencio también queda mal frente a una gran mayoría de colombianos que no se aguantan a Maduro. ¡Tenaz dilema!, aseguran los que más saben.
La verdad es que cuando se trata de defender a un connacional frente a insultos y agresiones de un líder de un país externo, las democracias más sólidas no han tenido disyuntivas y abogan sin titubeos por su compatriota. No cabe sino recordar el episodio en el que Chávez le dice hasta mico al ex presidente español José María Aznar y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, entra en defensa de su conciudadano y le pide a Chávez respeto por el ex mandatario español.
Aznar y Zapatero alcanzaban entonces su máximo nivel de pugnacidad interna pero de fronteras para afuera ambos eran españoles y ambos estaban de acuerdo en que había que respetar la dignidad de cada cual en todo momento. Así. Sin falsos dilemas.
Aquí por el contrario, Santos es tolerante con los improperios de Maduro hacia Uribe, porque al fin y al cabo primero está la reelección. Lo demás, hasta la dignidad nacional, puede esperar.









