lunes 11 de septiembre de 2023 - 12:00 AM

José Manuel Acevedo

230,000

Hace rato llegó la hora de hablar en voz alta de regulación de esos mercados y, si se quiere, de legalización, pero con tan poca receptividad en el orden internacional, sería suicida lanzarse contra el mundo a impulsar políticas unilaterales en este sentido

Ese es el número de la desgracia. El que cobró muchas vidas el año pasado: las de quienes se van por cuenta de la disputa del narcotráfico y las de quienes, consumiendo drogas, se destruyen a sí mismos y se llevan por delante a sus hogares. 230,000 es la cifra de hectáreas de cultivos ilícitos sembradas en 2022; una cifra que supera la del 2021 y la de varios años de ahí para atrás; un triste récord que es, a la vez, una maldición para este país que no logra superar esta infame realidad. El año pasado el dato arrojado superaba, en algo, las 200,000 hectáreas y ya preocupaba mucho. Esta vez la estadística creció en, por lo menos, 26,000. Es cierto que las recetas tradicionales fracasaron. Es verdad, que reactivar estrategias como la aspersión aérea no es posible por pronunciamientos judiciales pero, además, porque en la práctica los niveles de resistencia de los cultivos y la resiembra eran tan altos que, tampoco se justificaba tener un procedimiento controvertido como ése.

Sin embargo, lo único peor que las experiencias insuficientes del pasado es sentarse a esperar que todo cambie sin hacer nada o dándole incentivos perversos a quienes se lucran de este maldito negocio, incorporándolos a mesas de paz sin pedirles nada a cambio o premiándolos con políticas de brazos caídos por parte de la fuerza pública.

Sin duda se necesita audacia a la hora de enfrentar el problema. Hace rato llegó la hora de hablar en voz alta de regulación de esos mercados y, si se quiere, de legalización, pero con tan poca receptividad en el orden internacional, sería suicida lanzarse contra el mundo a impulsar políticas unilaterales en este sentido.

Aún, así, insisto: quedarse sin hacer nada y mirar para otro lado, tampoco es la solución. De allí que si el presidente Gustavo Petro, todavía quiere ser un líder continental con una mirada amplia de las cosas pero pragmática en el entendimiento de las realidades, debería convocar a un consejo ampliado con las mentes más brillantes en este tema a nivel mundial para diseñar una hoja de ruta que de verdad lo sea y que reconozca las oportunidades y los límites que tenemos en esta materia.

El campanazo está dado, la criminalidad alrededor del negociazo que sigue siendo la droga está desbordada. Señor presidente: si existe un propósito inevitablemente atado a la idea de una “paz total”, ese debería ser la búsqueda de soluciones que abandonen el dogmatismo e impriman realidad y acciones al problema de las drogas. ¡230,000 hectáreas es una hecatombe; no un número que se pueda pasar por alto!

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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