lunes 04 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

¿Anti-políticos?

No es, pues, que los anti-politicos hayan ganado sino que buenas personas, buenos profesionales y buenos seres humanos, están ahora dentro de la política
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La primera impresión después de conocer los resultados del domingo 27 de octubre, es que la gente escogió a los anti-políticos, a los anti-establecimiento, a los disruptivos para ocupar las posiciones de poder local. Dicen que pasó en Cúcuta. Que los ‘outsiders’ ganaron en Bucaramanga, lo mismo que en Manizales, Palmira y Medellín. Aseguran que Bogotá se convirtió en la principal demostración de que ser diferente y ganar elecciones, es posible.

Sin embargo, esta lectura puede no ser la más acertada. No es que los ganadores hayan dejado a un lado la política sino que se la tomaron precisamente para cambiarla desde adentro. No es que se hubieran inventado una nueva forma de gobierno sino que se sometieron a las reglas de juego para revitalizar la democracia y lograr la realización de sus propuestas desde la administración pública. No es que los jóvenes hayan renunciado a la política electoral sino que, por el contrario, decidieron en muchas ciudades pasar del Instagram o el Twitter a las urnas aquel domingo electoral y eso es muy importante.

Así que no es que la politica se haya eliminado sino que se ha vigorizado por cuenta de que los políticos profesionales que la desvirtuaron durante años, fueron reemplazados - en buena hora- por ciudadanos activos que se pusieron a hacer política con P mayúscula.

Y es que siempre será preferible que la gente se manifieste masivamente en unas urnas a que salgan a la calle a romper vidrios o a grafitear monumentos públicos. Esa idea de que solo a través de la manifestación social -sobre todo la manifestación fuera de control y violenta- es como se van a lograr los cambios estructurales de un país, no es para nada buena. En cambio imponer esos cambios con mayorías amplias en los comicios que cada cuatro años tenemos, preserva todo lo bueno de la democracia sin desecharla y permite introducir correctivos desde adentro que sean institucionalmente responsables.

Así que me gusta que hayan ganado Claudia, Daniel, Jairo, Juan Carlos o William en las ciudades principales porque sus triunfos significan que a través del poder del voto sí es posible cambiar el devenir de las naciones.

Ahora les corresponde a ellos no decepcionarnos y estar a la altura de sus desafíos. No es, pues, que los anti-politicos hayan ganado sino que buenas personas, buenos profesionales y buenos seres humanos, están ahora dentro de la política y, desde allí, prometen cambiarla.

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