lunes 11 de julio de 2022 - 12:00 AM

¿Congresistas o notarios?

Por ahora, dicen que llegan a apoyar al nuevo presidente desinteresadamente pero más adelante terminarán, como siempre lo han hecho, pidiendo ministerios y puestos.

Más se demoró el discurso de victoria del presidente Gustavo Petro, que las colectividades políticas en salir a pedir pista para declararse partidos de gobierno. Estuvieron un año pelechando en otras orillas políticas, acompañando candidatos diferentes e incluso atacando las ideas populistas de la campaña petrista y ahí terminaron todos arropados bajo la misma cobija. Estas actitudes no sorprenden en nuestra clase dirigente. La coherencia no existe en esos partidos como tampoco un ideario sólido y consecuente. Como sea, allá terminaron todos y, ni más faltaba, el presidente Petro les abrió las puertas bajo la sombrilla de lo que él llama “el acuerdo nacional”. La gobernabilidad, de entrada, está garantizada. Son más de 80 senadores los que respaldarían las propuestas y reformas del gobierno y en la Cámara de Representantes, otro tanto.

Por ahora, dicen que llegan a apoyar al nuevo presidente desinteresadamente pero más adelante terminarán, como siempre lo han hecho, pidiendo ministerios y puestos y entonces veremos cuál será la reacción del nuevo gobierno y cómo manejará el apetito voraz de los parlamentarios el Ministro del Interior que tendrá a su cargo semejante chicharrón. Los que pegan primero, pegan dos veces y la romería de personas que están llamando a Petro o incluso llegándole hasta Florencia, Italia, donde se encuentra hasta el próximo 15 de julio, crece y crece todos los días.

¡Pero ojo!, por más acuerdo o unidad nacional que haya, por más luna de miel que le quieran dar al Ejecutivo en su primer año y por más declaraciones de buena voluntad de lado y lado, tratándose de reformas tan delicadas como la de la justicia, la agraria y la tributaria, hoy más que nunca se necesitan voces deliberantes en el Congreso que sean capaces de controvertir aquellas ideas que suenen descabelladas o aquellas que resulten lesivas en el largo plazo para quienes pueden generar más empleo y reducir, en ese sentido, la desigualdad. Se necesitan congresistas y no notarios que apenas den fe de lo que les diga el gobierno o que “pupitreen” alegremente los proyectos de ley y actos legislativos que serán presentados desde el mismo 7 de agosto.

No digo que haya saboteadores o quienes le digan que “no” al gobierno de Petro frente a todo e impidan la agenda reformista que más le convenga al país. Digo que haya debates, sin jugaditas, sin ‘fast tracks’ sacados de la manga. El país espera que exista algo de independencia en medio de los cantos de unanimidad de un Congreso que no puede convertirse en una simple notaría.

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