lunes 25 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Conversación ciudadana

El próximo 1 de enero, llegarán nuevos mandatarios locales y son ellos quienes oficiarán como principales receptores de las movilizaciones, quejas y reclamos que hagan los ciudadanos en sus respectivos municipios.
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Las ciudadanías activas han hablado fuerte y claro. Con un problema: que sus mensajes no necesariamente están sincronizados y van desde la prohibición de la venta de aletas de tiburón, pasando por los temas que aquejan a la educación superior y las reformas laboral y pensional, que todavía no se han hecho pero por las que ya se están pronunciando en contra, las centrales de trabajadores y los jóvenes. Piden por la implementación de los acuerdos de paz y marchan contra los asesinatos de líderes sociales y contra la corrupción. Se trata, en fin, de un pliego de descargos enorme que le cobran a Duque pero que viene por décadas acumulándose y que no dependen sólo de él.

Pese a todo ello, hay un denominador común en cada grito, consigna o cacerolazo: un clamor por ser oídos; un afán de democracia participativa y directa porque la representativa los hastía y los tiene severamente desilusionados. No quieren intermediarios porque desconfían en los que han tenido. Un gran diálogo nacional que, sin embargo, necesita un orden, una planeación y cuyo liderazgo no puede estar en los convocantes sino en el Presidente de la República, que debe demostrar que tiene todas las capacidades para conducir un país, aún –y sobre todo- en tiempos difíciles como los que estamos viviendo.

Con todo, la democracia que permite que los jóvenes se mantengan en las calles y puedan protestar libremente, se expresa en las municipalidades y tienen un primer filtro en los alcaldes y alcaldesas.

El próximo 1 de enero, llegarán nuevos mandatarios locales y son ellos quienes oficiarán como principales receptores de las movilizaciones, quejas y reclamos que hagan los ciudadanos en sus respectivos municipios. A ellos, los alcaldes y alcaldesas, serán a los que primero increparán por cosas que a lo mejor no les corresponden, pero que deberán ayudar a resolver por el bien de sus localidades y la estabilidad de sus propios gobiernos. Así que está bien que esta conversación nacional haya comenzado por ellos. En el caso de Bucaramanga y antes de que hubiéramos llegado a este estado de efervescencia, Juan Carlos Cárdenas, el nuevo alcalde, ya había anunciado que estimularía la conversación ciudadana; que se iría a los parques y a los barrios del norte a oír, más que a arengar y ese debe ser, sin duda, el camino para que de la protesta pasemos a la propuesta y para mantener un orden social nuevo, complejo y participativo.

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