lunes 17 de julio de 2023 - 12:00 AM

José Manuel Acevedo

Cosas del lenguaje

Si de eufemismos se trata, la denominación de “gestores de paz” a criminales que han salido de las cárceles, dizque a garantizar la “convivencia”, se lleva un buen lugar en el podio del lenguaje neopetrista que a muchos no nos termina de cuadrar.

Al Gobierno Nacional le preocupa que llamemos secuestro al secuestro, masacre a las masacres y homicidio a los asesinatos, cuando es el Eln el que los comete. Preferiría que se hable de “personas tomadas por el Eln”, como lo dijo el mismo Petro cuando se refirió a la sargento y sus dos niños -uno de ellos con autismo- que estuvieron secuestrados, en efecto, por esa guerrilla y ni qué decir del ministro de Defensa, que calificó de “imprudente” el traslado de la oficial y sus hijos menores quienes, según él, se expusieron demasiado y “tomarlos” resultó inevitable.

Si de eufemismos se trata, la denominación de “gestores de paz” a criminales que sin ningún mérito han salido de las cárceles, dizque a garantizar la “convivencia”, se lleva un buen lugar en el podio del lenguaje neopetrista que a muchos colombianos no nos termina de cuadrar.

Ya antes, a propósito del lenguaje, el primer mandatario había dicho lo siguiente: “Si logramos que una serie de actividades de la sociedad colombiana que hoy se consideran crimen no se consideren crimen más adelante, pues habrá por definición menos crimen en Colombia”. ¡Vaya genialidad!

Conforme pasan los días, las cosas del lenguaje oficial parecen sofisticarse todavía más. Un delincuente que mata y deja de hacerlo a cambio de plata, contante y sonante, se llamará “joven en paz”. Un tipo, como Benedetti, al que le vale huevo la misión diplomática que ocupa y se va de viaje por el mundo, hay que decirle “embajador”. Y qué me dicen del otro que grita ‘vivas’ a la dictadura de Nicaragua, pero que sigue conservando la misma denominación de embajador como si tal. ¿Cosas de lenguaje o descaro gubernamental?

Hace poco el gran analista Thierry Ways escribía en El Tiempo lo siguiente: “La posverdad es efectiva, como demuestra la popularidad tanto de Petro como de Trump. Pero eso no quiere decir que debamos resignarnos a ella. Por fortuna, tiene antídoto. Basta que, como en el cuento del traje nuevo del emperador, abramos los ojos y rechacemos que nos digan, sin ruborizarse, que una cifra no indica lo que indica esa cifra, que el presidente no dijo lo que todos oímos que dijo y que el desgobierno que estamos viviendo no es el desgobierno que estamos viviendo”. Mucha razón lleva el columnista. Cosas del lenguaje, dirán otros.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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