lunes 05 de julio de 2021 - 12:00 AM

¡Dejen trabajar!

No es tan difícil entenderlo: por cada empresa nueva o compañía que crezca, más plazas laborales se generan y eso se traduce en más pan sobre la mesa para más familias colombianas.
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El daño está hecho. Más de 40 mil empresas en todo el país han tenido que cerrar temporal o definitivamente después de año y medio de pandemia y de dos meses de incertidumbre con motivo del paro. Las organizaciones de turismo dicen que necesitaremos al menos un par de años para reponernos de la mala imagen que se generó en el exterior y que ahuyenta la posibilidad de que viajeros vengan a visitar nuestro país. Dos calificadoras de riesgo nos bajaron la nota y los créditos internacionales se encarecerán en los próximos meses. Para colmo de males, con 245 mil hectáreas de coca sembrada y aumentos en la productividad del maldito negocio del narcotráfico, corren ríos de dinero mal habido que seguramente tendrán un impacto en los procesos electorales que vienen en camino. Claramente no estamos pasando por el mejor momento, pero tampoco es el peor.

Increíblemente este país y su gente sigue teniendo una capacidad de resiliencia impactante. Aunque mayo fue el mes más oscuro de todos en muchos años, junio cerró con algunos signos de mejoría para las empresas. De hecho, el último dato de desempleo refleja que esta dura realidad ha cedido y más colombianos han podido encontrar alguna oportunidad laboral. Los empresarios con los que uno habla, pequeños y grandes, cuentan que, si la estabilidad que se ha comenzado a recuperarse se mantiene con el fin de algunos de los más importantes bloqueos, hay esperanza y luz al final del túnel. Y el punto, entonces, es precisamente ese: si nos dejan trabajar; si proponen y protestan sin arriesgar los derechos fundamentales de la inmensa mayoría de colombianos; si el Estado es consciente de que ninguna reforma tributaria puede afectar esa dinámica de reactivación o recargar injustamente en los de la mitad del sándwich la carga impositiva, podemos recuperarnos y crecer colectivamente, corrigiendo las inequidades sin destruir lo que hemos conquistado como democracia.

No es tan difícil entenderlo: por cada empresa nueva o compañía que crezca, más plazas laborales se generan y eso se traduce en más pan sobre la mesa para más familias colombianas. A veces la ecuación más simple se vuelve la más esquiva en momentos de rabia e indignación colectiva, pero hay que volver a eso que es tan simple pero tan potente. ¡Dejen trabajar que sólo así se construyen las sociedades que miran hacia adelante y no se quedan estancadas atrás!

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