lunes 18 de enero de 2021 - 12:00 AM

Don Alejandro

En la memoria de Santander y Colombia su legado seguirá vivo porque, como los más grandes, no hacía falta conversar a toda hora con usted, para que su ejemplo e inspiración sigan siendo el faro de muchas y nuevas generaciones
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Seguramente otros lo conocieron mejor. Muchos fueron más amigos. La inmensa mayoría de columnistas de este diario habrá sido fichada directamente por él. Sus colaboradores podrán dar cuenta de sus calidades como empleador y su familia inmediata sabrá, sin duda, lo gran padre, hermano o tío que fue. Pero como la gracia de los líderes, y de las buenas personas, es trascender de esos entornos; dejar huella y llegar a miles, contaré lo que a mí me consta de un Alejandro Galvis Ramírez a quien le estreché la mano tal vez un par de veces, si mucho, pero a quien no me hacía falta ver con constancia para saber lo excepcional que fue.

Los jóvenes santandereanos tenemos mucho que aprender de él, comenzando por ese origen regional que reivindicó en todo momento: nadie exaltó más la santandereanidad que Don Alejandro. En su ADN estaba inscrito un sentido de pertenencia que le llevaba a preocuparse por el posicionamiento de esta comarca en el orden nacional y a encender alarmas cuando el patrimonio público se veía amenazado por los malos políticos que han querido saquear esta región y que, lamentablemente, en más de una ocasión lo han logrado. Pero de esto último se deriva otra de esas características admirables de Don Alejandro: su honorabilidad a toda prueba y su entereza a la hora de dar las más duras peleas. En momentos en que la publicidad de la que viven los medios atravesaba por su más dura coyuntura y la pauta oficial de la gobernación o la alcaldía era vital para la supervivencia de un medio como Vanguardia, ahí estaba Don Alejandro diciéndole a los politiqueros de turno que con él no contaran porque la moral y el Departamento siempre estuvieron por encima de cualquier circunstancia.

Lo mismo que cuando se trataba de defender la libertad de expresión frente a los violentos que intentaron en más de una oportunidad callar la vocación de un medio como éste y ni él ni su familia sucumbieron ante la miedosa presión.

Don Alejandro fue un liberal auténtico; un demócrata a carta cabal. Un patrocinador del cambio y un auspiciador de que personas como yo, a los 15 años en su momento, o a los casi 36 que cuento, podamos escribir al lado de reconocidas plumas y alternar visiones porque creía, sin duda, que la pluralidad es un valor fundante de una buena casa periodística como ésta. Hasta pronto, Don Alejandro. En la memoria de Santander y Colombia su legado seguirá vivo porque, como los más grandes, no hacía falta conversar a toda hora con usted, para que su ejemplo e inspiración sigan siendo el faro de muchas y nuevas generaciones.

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