lunes 03 de julio de 2017 - 12:01 AM

El lío de los sueldos públicos

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Como cada año, por estos días, con el anuncio de un nuevo incremento en los sueldos de los congresistas y los magistrados de las altas cortes, se desata la usual indignación de los colombianos. ¿Qué es lo que en verdad nos molesta?, me pregunto. ¿Que ganan demasiado? ¿Que les suben mucho más que lo que aumenta el salario mínimo en Colombia? ¿Que ganan en desproporción frente al resto de servidores públicos? ¿O es una combinación de todo lo anterior?...

Casi 30 millones de pesos para los honorables parlamentarios que sesionan de martes a jueves, que tienen vacaciones del 20 de junio al 20 de julio y luego del 16 de diciembre hasta mediados de marzo, sería suficiente como para indignarse. Luego está el hecho de que, en términos reales, el salario mínimo de los colombianos de a pie sube mucho menos que el de los altos funcionarios del Estado con su pomposo régimen especial.

Finalmente, se encuentra el asunto de que ganan desproporcionadamente más que el resto de trabajadores estatales; una circunstancia que no es menor: hoy un magistrado auxiliar de la Corte Suprema gana más que un General de la República o que un ministro y los magistrados titulares y los honorables parlamentarios ganan más que el Presidente. ¿A quién le suena lógico eso?

Ahora bien, dentro de la propia Rama Judicial las diferencias entre lo que se gana un magistrado de tribunal y los jueces de base siguen siendo abismales a pesar de los paros del pasado que sirvieron para aminorar un poco, pero no sustancialmente, la brecha entre los unos y los otros.

Por estos días vuelven a oírse las voces de los oportunistas que quieren convertir ese rechazo ciudadano en banderas políticas que les favorezcan a sus propios intereses. No demoran algunos congresistas en presentar nuevos proyectos de ley y reformas para corregir la situación y, en los medios, se oyen y se leen los sesudos análisis para encontrarle soluciones al problema. Sin embargo, de ahí no pasaremos pues la historia nos ha demostrado que en Colombia somos expertos en rasgarnos las vestiduras por cada cosa que nos ocurre pero incapaces de movilizarnos hacia la acción verdadera para corregir las iniquidades. Así pues, hasta dentro de un año, cuando les vuelvan a subir los sueldos a los congresistas y nos sentemos a escribir y hablar sobre lo mismo. Lamentablemente, en ese tema, nada cambiará.

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