lunes 25 de julio de 2022 - 12:00 AM

Empresarios: ¡gracias!

En las tragedias, como los terremotos del siglo pasado o las avalanchas de las últimas dos décadas o en los eventos difíciles para la humanidad como la pandemia, los empresarios son los primeros que han levantado la mano para ayudar

Ya va siendo hora de que los colombianos, sin pena y de manera directa, le demos las gracias a los empresarios por todo lo que hacen por este país. Yo se las doy esta vez y con nombre propio a Luis Carlos Sarmiento Angulo. El Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer (CTIC) que se inauguró el jueves de la semana pasada cuenta con una capacidad de atención de hasta el 7 por ciento del total de la población diagnosticada con cáncer por año en Colombia y podrá recibir, en ese sentido, a personas de todas las condiciones sociales.

Hace unos días pude recorrer algo de los 100 mil metros cuadrados que tiene esta institución ubicada en el norte de Bogotá y constatar de primera mano la existencia de una tecnología de punta única en América Latina y unos espacios que garantizan la estancia digna y confortable de quienes irán allí por atención médica especializada, radio y quimioterapia o a practicarse cirugías con técnicas de avanzada. Son más de 400 millones de dólares los que invirtieron, el doctor Sarmiento y su familia, en la construcción y dotación de este espacio, de manera que el CTIC se constituye en el aporte social más grande que empresario alguno haya hecho en nuestro país y ratifica que el compromiso del sector privado va más allá de la generación de empleo y se conecta con las necesidades de la gente cuando más se ha necesitado.

En las tragedias, como los terremotos del siglo pasado o las avalanchas de las últimas dos décadas o en los eventos difíciles para la humanidad como la pandemia, los empresarios son los primeros que han levantado la mano para ayudar. Centros médicos que llevan sus nombres, como la clínica Carlos Ardila Lulle en Santander o instituciones educativas y programas de becas que se realizan con el respaldo de fundaciones alimentadas por los recursos de las personas más pudientes de Colombia, permiten concluir que estas compañías han sido el motor de la nación, en momentos en que los políticos la han saqueado o los mismos ciudadanos se han desentendido de sus problemas y miran para otro lado.

Los empresarios, por el contrario, han estado ahí y sobre el reconocimiento a su trabajo y el fortalecimiento de ese tejido tendrán que ser construidas las políticas públicas que nos rijan en los próximos años. Sin inversión, sin un sector privado fuerte, sin un respeto y reconocimiento al derecho al trabajo y la propiedad privada, nada lograremos. Por eso hoy más que nunca hay que darle las gracias a la empresa colombiana y protegerla del populismo y de quienes quieren, con odio, desprestigiarla.

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