lunes 05 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

¡En su defensa, muchachos!

Los policías y soldados necesitan mensajes claros por parte de todos. El gobierno no puede dejarlos solos pero mucho menos podemos los colombianos darles la espalda cuando más nos necesitan.

No por eliminar el servicio militar obligatorio desaparecerá la necesidad de un Ejército y Policía sólidos en un país como Colombia. No por pedirles a los miembros de la fuerza pública que se queden de brazos cruzados, desaparecerá la violencia en nuestro país. No por eliminar el Esmad se acabarán los abusos de los vándalos en las legítimas protestas. No por aislar auxiliares de policía de las zonas rojas, dejarán de matarlos.

La ecuación no funciona así. Nunca funciona así. En cambio, cuando un país reconoce, valora e impulsa el trabajo de hombres y mujeres que dedican su vida a defendernos y protege su honra y respeta su autoridad intrínseca, exigiendo de ellos una máxima protección de los derechos humanos a la hora de desempeñar sus funciones, avanzamos como sociedad y abrimos campo al imperio real del Estado Social de Derecho, que no es otra cosa que el contrato renovado y permanente que hacemos todos los colombianos alrededor de unos mínimos que, por momentos, parecemos estar olvidando.

La mala costumbre nunca será fuente de derecho pero aquí pareciera que estuviéramos normalizando el irrespeto por los uniformados y luego queremos que nos defiendan, que persigan ladrones en las ciudades, que combatan a los clanes y las disidencias en el campo, sin retribuirles su sacrificio apropiadamente, porque ni un buen sueldo tienen a la hora de hacer tanto por tantos.

Así se ve en un video que rodó en redes sociales en el que un hombre es requerido por un policía y comienza a golpearlo e insultarlo sin que nadie haga nada ni el joven agente pueda defenderse, lo mismo que cuando un senador borracho le grita injusta y desproporcionadamente “asesinos” a tres policías que respondieron el llamado de la comunidad en medio de un escándalo monumental que estaba protagonizando el congresista a las afueras de un hotel de Cartagena.

Los policías y soldados necesitan mensajes claros por parte de todos. El gobierno no puede dejarlos solos pero mucho menos podemos los colombianos darles la espalda cuando más nos necesitan. La muerte de 7 jóvenes, casi niños, que prestaban su servicio en Huila y el acumulado de 30 policías asesinados en condiciones similares en lo que va del año, tiene que provocar una reflexión profunda y renovar el llamado a defender y proteger a estos muchachos que están poniendo el cuero todos los días sin tener todavía claro si vale la pena o no defender a un país que no les agradece suficientemente lo que hacen.

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