lunes 05 de octubre de 2009 - 10:00 AM

¡Explotó Medellín!

No deja de ser paradójico que la política de seguridad democrática del Presidente Uribe esté haciendo agua precisamente en su casa, Medellín. Hay quienes dicen que la difícil situación de las ciudades en materia de orden público es consecuencia de una visión que se quedó corta y que emprendió una exitosa guerra en el campo dejando para ‘más tarde’ el problema urbano. A ello me permitiría sumar la presencia en Cali, Medellín y Bogotá de alcaldes que llegaron con el discurso de ‘lo social’ y se olvidaron del orden público, como si garantizarle la seguridad a los ciudadanos de a pie no fuera un problema esencial que los afecta directamente.

Fíjense que a pesar de que algunos de los mandatarios locales mejoraron su imagen ante la opinión pública, siguen rajándose en la percepción de seguridad que los encuestados tienen de sus ciudades. El caso de Medellín ciertamente es patético. Más de 1.300 homicidios en lo que va corrido del año y un aumento substancial en materia de robos, pone otra vez en jaque a la capital de la ‘eterna balacera’. Uribe admitió el problema y anunció un aumento significativo de pie de fuerza para intentar contenerlo. Con esa tesis también se quedó el Alcalde Salazar. El problema, sin embargo, es muy otro y la cantidad no es tan importante como las técnicas que están empleando los nuevos capos, los herederos de Don Berna y los de la tristemente célebre ‘oficina de Envigado’.

Dos cuestiones fundamentales no están siendo examinadas ante esta explosión de Medellín. La primera, es que los organismos de justicia y de Policía están siendo infiltrados como en los peores tiempos de Pablo Escobar. Sobre eso todos guardan silencio. Y lo segundo es que la criminalidad se alimenta de droga y la cifra del aumento de un 50% en el consumo entre la juventud, que denunció el congresista Jorge Enrique Vélez, supone que ahí puede haber una raíz muy fuerte de la que se derivan todos los otros problemas.

Así las cosas el problema ciertamente no es de número. En esa parte de Antioquia cuentan con 5.800 policías que responden a las necesidades de diez municipios del valle de Aburrá, de los cuales un 80 por ciento están en Medellín. Si bien dirán que no es suficiente, me pregunto por qué no consideran los otros factores explicativos de esta explosión a ver si comienzan a encontrar soluciones reales y de fondo. ¿Será que detrás de este lío hay hermanos de Ministros y ex alcaldes presidenciables?

Sea de quien sea la responsabilidad, lo cierto es que Medellín explotó y al tiempo que se constituye en sede de importantes eventos - hay que decirlo aunque nos duela - vuelve a ser la casa del crimen organizado y el semillero de bandas emergentes, nunca tarde, para combatir de verdad.

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