lunes 16 de marzo de 2009 - 10:00 AM

¡Me quedo con Fonseca!

Cuando nos preguntaban hace unos años cuáles músicos o escritores nos llenaban de orgullo a los colombianos, la respuesta siempre parecía la misma:

Carlos Vives, Shakira y Juanes. Tratándose de autores literarios, la mayoría apenas conocía a García Márquez. Muy en cambio, los jóvenes del presente hemos ampliado nuestras preferencias y estamos encontrando de dónde escoger sin ir demasiado lejos, pues el talento local hace rato superó el dilema entre Shakira y Juanes.

Los muchachos de ahora no se conformaron con admirar a ciertos colombianos que triunfaban en el exterior, aprenderse de memoria sus canciones y verlos de lejos como estrellas imposibles de alcanzar. Las nuevas generaciones se lanzaron sin miedo a construir sus propias creaciones y encontraron eco en un público que ha sabido valorar su coraje y su inmenso talento.

La lista es grande pero seguro que un colombiano promedio entre los 13 y los 30 años, le dirá que conoce -tanto como a Juanes o a Shakira– a Andrés Cepeda, Fonseca, Cabas, Bonka, San Alejo, Sin Ánimo de Lucro, ‘Dr. Krápula’, Wamba, ‘Gusi Beto’, Lo de Adentro o ‘Mauricio y Palo de Agua’, entre otros. Si tuviera que apostarle a María Isabel Rueda –quien planteó el debate hace meses en su columna– le diría que en los ‘ipods’ de la juventud colombiana hay más canciones de todos ellos que de los artistas que Rueda menciona como si fueran los únicos.

¡Por eso digo que entre Juanes y Shakira, me quedo con Fonseca!... con él y con todos los nuevos artistas colombianos que necesitan de nuestro impulso para llegar tan lejos como el paisa y la barranquillera. Fonseca, por ejemplo, recurre a ritmos que suenan a nuestra casa; que parecen propios. Ha sido capaz de cantarle a las lagartijas azules, de mandarle flores a las gordas y flaquitas, de describir la magia de un arroyito y enredarse entre el idilio y la melancolía del ayer. Fonseca ha apelado a los ritmos tradicionales cuidándose de no parecerse tanto a otros; guardando una necesaria identidad sin que lo suyo sea precisamente el pop o el rock.

Si lo que inquieta es la vocación social de un cantante diré que todos esos artistas que les nombro participan recurrentemente de campañas sociales que llegan de forma directa a los más necesitados. Fonseca -para insistir en el ejemplo– hace parte ahora de la iniciativa de la Alta Consejería para la Reintegración que busca cambiar las balas por la música entre los reinsertados, bajo la asesoría de este cantante colombiano, con el que definitivamente muchos nos quedamos.

Tal vez no haya que escoger entre uno y otro, sino preferir a todos los que desde acá están luciéndose, aunque muchos no lo sepan…

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