lunes 13 de octubre de 2008 - 9:45 PM

¿Para qué estudiar Derecho?

Entre paréntesis- Llegaron a mis manos dos libros de Villegas Editores, que una vez he leído, paso a recomendarles especialmente porque sus autores son tan jóvenes como talentosos y refrescan el panorama literario del país: de Mauricio Bernal, ‘Tácticas contra el tedio’ y de Álvaro Robledo, ‘Nada importa’.

* * * *

Nos dicen en las aulas que nunca fue tan importante como ahora creer en la justicia. El Congreso ha perdido toda credibilidad por cuenta de la parapolítica y, dicho sea de paso, por sus incorregibles mañas, la atomización de los partidos y el clientelismo que avanza campante.

El Presidente mantiene sus altos índices de popularidad y aunque rodeado de un pueblo que lo aplaude, no da una en relaciones internacionales, la economía se nos está desinflando y su indefinición sobre la reelección nos hace cada día más daño.

Por eso quienes estamos terminando estudios de derecho, fincamos nuestras esperanzas en una justicia seria, ecuánime y responsable. Lo triste es que cada día nos preguntamos con más insistencia para qué estudiamos derecho.

No entendemos por qué nos enseñan tanto que en la realidad no opera. Asistimos a una politización de la justicia que en las clases siempre nos enseñaron a aborrecer.

Hoy por hoy existe la convicción, en los consultorios jurídicos, de que es más abogado y menos político, un modesto juez municipal que un ‘entogado’ magistrado de alta corte.

Los principios de la sana crítica, que tanto nos recalcaron en nuestras clases de procesal, valen bien poco en los tiempos que corren. A la gente la condenan con meros indicios o, lo que es peor, con testigos que van cambiando de opinión al son que mejor les toquen.

Dicen que les ofrecen rebajas por declarar en contra de otros y cada vez que un abogado defensor pregunta al respecto, invocan equivocadamente el principio de la no auto incriminación para evitar enlodar a los magistrados que proponen, sin más, los dichosos beneficios.

Todos los días se retractan ciertos falsos acusadores, como ocurrió con ‘Tasmania’ y ‘HH’ y hasta la fecha no se conocen procesos por falso testimonio. Alguna vez el Fiscal General dijo que ‘no era el momento oportuno para adelantarlos’.

En la U, tampoco nos hablaron de expedientes secretos a los que no pudieran tener acceso las partes intervinientes, y en tratándose de cohecho, sabíamos de la bilateralidad del delito y entendíamos que condenar a uno de los sujetos era juzgar y castigar, al tiempo, al otro.

Concluimos entonces, al encontrarnos con la realidad, que perdimos mucho tiempo y también toda esperanza. ¿Para qué estudiamos derecho?, nos seguimos preguntando algunos.

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